viernes, 31 de agosto de 2007

Más paseos, pinturas y cuentas de banco (martes 21 de agosto)


A la hora del curso de orientación ya quiero irme. Tengo la cabeza saturada y poco receptiva para más dinámicas de grupo y mensajes positivos. Prefiero aprovechar la mañana en algo más útil. Me despido de Román y Evelyn. Camino durante 45 minutos hasta el concesionario de Mazda, donde la persona que me atendió la última vez me comenta que el jueves tendrá un Pontiac del 2000 con 9000 millas por más o menos el precio que busco (menos de 3000$). Quedo en volver. Intento encontrar un autobús que me lleve al Licoln Center para firmar el contrato. Camino calle Washington abajo. No aparece ninguno. A los 45 minutos, en el Down Town, ya en la parada de autobuses de Sheridan pregunto, para el siguiente faltan otros 40 minutos. Sigo caminando Sheridan arriba hasta el Lincoln Center. La directora de Recursos Humanos nos está. Y no saben si volverá más tarde. Regreso hasta el Down Town. Llevo andando unas 2 horas. Antes de coger el tren para Chicago, entro en un Ace y compro pintura acrílica roja para el salón, azul celeste para molduras y tuberías y verde para los muebles de la cocina.

Caminando tanto, y más en mi caso, es demasiado fácil pensar demasiado.

En Chicago, después de haber caminado más de dos horas en Waukegan y estar cargado con cuatro galones de pintura, diez perchas, cuatro tenedores cuatro cuchillos y cuatro cucharillas, decido esperar a que pase un taxi para ir a mi apartamento. En mi apartamento, por el motivo que sea, necesito descansar un rato.

A las cinco, me levanto para ir al banco. En la sucursal de Milwaukee de Citibank me recibe Robert, un simpático, rubio y joven norteamericano. A todo dice “terrorific” como expresión positiva. A veces intenta recordar el español que aprendió en la escuela. Me pregunta por España, por su economía. Hace unos días vio en televisión “El laberinto del Fauno” (y parece que le gustó mucho). Le explico qué diferente es España ahora, para esto el camino más corto siempre es comentar el matrimonio homosexual. Me abre la cuenta. Me pide cheques para mi cuenta. La tarjeta. La cuenta en internet. Sale más tarde del trabajo por mi culpa. La verdad es que es un tipo muy amable. Casi una manzana más allá me llama porque me he dejado mi bolsa en la sucursal.

Voy a un Target que está en un polígono comercial cercano a mi apartamento (con el entrenamiento que estoy siguiendo todo empieza a parecerme cercano). Compro un edredón nórdico más o menos granate por 14 dólares que sospecho que cambiaré porque no queda bien con mis sábanas rojas (tal vez azul). Entro en un Strack&Van Til, un supermercado que parece que está bien para comprar comida. Compro zumo de naranja, plátanos, actimeles de fresa y me fríen pescado rebozado, aros de cebolla y patatas fritas para metérmelo luego en sus correspondientes recipientes de poliuretano.

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