jueves, 6 de septiembre de 2007

Suburbios junto a la belleza y más carreteras secundarias (viernes 24 de agosto)


Me levanto a las 6 de la mañana para intentar coger el tren que me lleve directo a Grayslake, donde es el curso de tres horas para los profesores. Tengo que preguntar repetidas veces a repetidas personas para que me den algunos indicios de dónde está la parada conveniente. A un hombre le tengo que corregir varias veces hasta que deja de darme indicaciones erróneas (que hace unos días/semanas hubiera seguido ingenuamente). Camino por las Western, como su propio nombre indica, hacia el oeste. Chicago está, una vez más, amaneciendo. La Western se extiende sobre zonas no especialmente ricas, de apariencia suburbial, tiendas hispanas, autodealers hispanos, lavanderías chinas.

La parada se encuentra en una zona poligonal y deprimida. Hombres y mujeres hispanos trabajan cargando bultos y paquetes. Bajo el puente de la misma parada, dos hombres negros duermen junto a dos carritos.

Una vez más en Chicago, una vez más en mi vida, una vez más en América, junto a la belleza, para hacerse más visible, no sé si de manera inevitable, lo feo, la pobreza. No lejos de Wicker Park. En personas con un extraño influjo. En lugares sospechosamente insospechados. En personas inconscientemente sospechosas. Como la parte ineludible de la parte deseada. Como la mitad de la naranja podrida junto a la mitad inmaculada. Yin y yang cotidianos y reales

El tren avanza hacia Grayslake. Polígonos industriales y comerciales. Casas de madera ajardinadas. Maizales. Junto a una plantación de maíz verde y humedecida por la lluvia, una industria química.

Una vez más, como de costumbre, estoy en ninguna parte. Los pocos viajeros que llegan conmigo hasta “Grayslake” desaparecen en la estación en segundos. Varios coches desaparecen en el horizonte. Una vez más, comienzo a caminar. Pregunto en una enorme ferretería con grandes máquinas de jardinería. Una vez más me preguntan si pienso ir andando. Una vez más me dicen que está a unos “six blocks”, a unas “three milles”. Una vez más camino durante horas por carreteras secundarias.

He llegado a las 9. A las 10 estoy perdido en una urbanización de clase alta. Casas con jardín y caminos circulares y privados. Un desierto de hierba húmeda, coches japoneses y europeos y banderas. La urbanización parece deshabitada.

Por momentos me pregunto cómo este país ha llegado a ser una potencia. Este país de suburbios, polígonos comerciales y casas desperdigadas. Este país de enormes coches y coches sin parachoques. De barrios elegantes junto a autopistas y puentes bajo los que siempre duerme alguien.

Son casi las 11, cuando debería acabar el curso y aún no he llegado. Si no encuentro nadie que me baje, después de haber andado dos horas volveré a estar en ninguna parte. Entro en el college de Grayslake. Es un edificio moderno con sus pasillos llenos de estudiantes, blancos y rubios en su mayoría. Me informan de que allí no es, sino en el edifico de la universidad.

Son ya las 11 cuando lo veo a lo lejos la universidad, llamo a una compañera española para ver si siguen allí. Ya se están yendo. Por fortuna consigo reconocer a una compañera de mi escuela. Le pregunto que si me puede llevar. Me contesta que por supuesto. Es hija de padre puertorriqueño y madre de Hong Kong (lugar donde no sé si debería estar en estos momentos, lugar donde no estoy, lugar donde no sé si llegaré a estar). Es simpática y habladora. Me dice que, si quiero, paramos en algún lugar para comprar algo para comer, porque luego no hay nada cerca de la Jefferson. Ha venido a trabajar a Waukegan acompañando a su novio.

Al llegar a mi escuela aún no tengo llave, por lo que decido ir al Licoln Center a firmar el contrato. No veo autobuses. Voy andando. Tardo unos 45 minutos. Gracias a un curso absurdo de mi universidad de “Introducción a la Lengua Neerlandesa” de 20 horas consigo llegar a Máster+45. Parece que cobraré unos 37000$ brutos. Menos que en los demás distritos, pero más de lo que me esperaba.

En 45 minutos más estoy de nuevo en la Jefferson. Me abren la clase. Saco algunos libros de matemáticas. Coloco algunos míos. Decido volver a Chicago.

En Chicago entro en el Clyos a cenar. Hay grandes pantallas con partidos de fútbol y vídeos musicales. Hay gente joven cenando y tomando copas. Ceno Fish&Chips. Regreso a mi apartamento. Me duermo sobre la cama.

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