lunes, 1 de octubre de 2007

Enrique Iglesias y yo en Chicago (martes 11 de septiembre)

Estoy comiendo/cenando en el restaurante mejicano "El barco", en North Ashland Avenue, en Chicago. Me atiende una chica rusa bastante mona que me saluda con simpatía, es ya el segundo día que vengo, y me pregunta cómo me va. Como es la única que no es mejicana en el restaurante parece que le toca fregar más el suelo que a sus compañeras.

Hoy parece que ya han terminado de pintar mi apartamento. Después de comer/cenar tengo que comprar una batería, como me recomendó mi amable vecino, en el K-Mart. Ayer, de nuevo, el coche no quería que fuese a trabajar a Waukegan.

Como música de fondo suena Sakira. Más tarde hay una entrevista a Enrique Iglesias. Dice que, con treinta años, se siente tan inmaduro como siempre. Nunca pensé que me iba a sentir identificado con Enrique Iglesias. Y menos en Chicago. También comenta que prefirió escribir cincuenta canciones porque así había más posibilidades de que hubiera diez o doce buenas. Eso es ser realista (tal vez inlcuso benévolo) y tener en cuenta la estadística.

A diferencia del Jewel de justo al lado, en el K-Mart la clientela es, seguro que por alguna razón (no me parece que los precios sean especialmente más bajos), mayoritariamente negra. Veo las baterías, pero compruebo que no va a ser muy fácil volver con ella, los quince minutos que dista el supermercado de mi apartamento, llevándo sus veinte o treinta kilos mi la bicicleta.

No hay comentarios: