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sábado, 6 de diciembre de 2008

Cosas III (sábado 6 de diciembre)

Cosas que puedes perder, dejar, abandonar o nunca tuviste en este mundo complejo:

Dos pesas azules de plástico que apenas has usado y no viajarán contigo a España en un service apartment de Hong Kong..

Un absurdo aparato de abdominales que te dio tu cajas de ahorros a cambio de los puntos de tu tarjeta de débito en un piso de Barcelona.

Unas cuerdas en un apartamento de un pueblo de Valencia.

Una bicicleta estilo chopper que compraste por menos de 100 dólares americanos en un Target, y unos muebles blancos del Ikea, y el cargador de tu móvil norteamericano y una cama y un televisor de segunda mano y unos cuantos litros de alcohol para futuras fiestas que nunca diste o sentiste en un apartamento de Chicago.

La cazadora que te regaló por tu cumpleaños tu tía favorita (y tal vez, lamentablemente para ella, tú su sobrino predilecto) en el autobús de Alsa que te llevaba al aeropuerto.

Drácula de Coppola y Un corazón en invierno en VHS, crema hidratante y los restos de un frasco de colonia en un piso de Valladolid.

La Niña de la Guerra Civil y el falso amor y la falsa felicidad del MDMA en un adosado de Sanlúcar de Barrameda.

Tu indio favorito que tiraste sin saber porqué al Pisuerga desde el Puente Mayor.

Una persona, unos muslos, una voz, varias camas, tus erecciones, la serenidad, el corazón, el cerebro, tu deseo, unas personas, la juventud, tu olor, las esperanzas en algunos de los lugares mencionados.

sábado, 22 de marzo de 2008

Capitanes intrépidos idiotas (o capitanes idiotas intrépidos) y chicas dulces ( sábado 22 de marzo)

El mundo es muy complejo. Sí. Y muy absurdo. Y el Capitán Logos sigue siendo idiota.Viene la chica de Valencia. Una chica tan dulce como su voz. Idiota como el Capitán Idiota. La Chica Dulce, como buena chica, ha viajado a Madrid. Curiosamente está en Barcelona. La recibe el Capitán Idiota.En el metro el Capitán Idiota y la Chica Dulce sonríen a una niña de apenas cuatro meses. Se llama Lúa, un nombre portugués. Lo dice su padre, un chico de apenas 18 años, su mujer igual o más joven, tal vez brasileña. El Capitán Idiota hace bromas sobre los panes bajo el brazo y los 1500 euros que ha conseguido por nacer a tiempo. El chico comenta que la verdad es que Zapatero se porta, no como Rajoy, que han metido el dinero en una cartilla y que se lo darán cuando cumpla 18 años. Ojalá puedan hacerlo. El Capitán Idiota está de acuerdo sobre lo de Zapatero. Hace una nueva broma sobre la niña de Rajoy. Ellos, dice el chico, se bajan en "Pueblo Seco". La niña sonríe. Barcelona.Cenan. Se reúnen con la Capitana Golfa, el Capitán Honestidad, su hermana y el amigo de Poble Sec. La Capitana Golfa transmuta en bruja y les lee las cartas en el piso. El loco, el comienzo y el fin, el señor que dirige su destino. Disfruta. Deja que te quieran. No hagas esperar demasiado. Se van a las 8 a Valladolid. El Capitán Idiota y la Chica Dulce se quedan en Barcelona. Duermen. Pasean. Ven dos veces el Drácula de Coppola.Qué sencilla sería la vida si fuera sencilla. Cuánto pueden influir los primeros años, la familia. Cómo se parecen todos los errores de todos los humanos. Algunos errores de algunos humanos. Cómo se encuentran capitanes idiotas y solitarios.Por qué siento que engaño a alguien. Que me engaño. A qué, a una promesa que nunca fue, que sólo fue promesa. A una mujer que nunca fue verdad, que nunca fue sincera. A qué, a quién engaño: ¿A ella?, ¿a la Chica Dulce?, ¿al Capitán Idiota?Si todo fuera sencillo, si la vida fuera sencilla, si supiéramos por qué elegimos unos átomos y no otros, unos ojos, unas formas... Si pudiéramos decidirlo. Si la promesa hubiese sido tan dulce como la Chica Dulce en las noches y las camas hubiese sido algo más que una promesa. Hubiese sido más sencillo. Quién sabe si hubiese sido feliz.El Artista Ciclotímico llama. El Capitán Idiota manda un mensaje al Capitán Honestidad. El Capitán Honestidad llama al Capitán Idiota. El Capitán Idiota manda un mensaje al Artista Ciclotímico. El Artista Ciclotímico llama al Capitán Idiota. El Capitán Idiota recibe y manda un mensaje a la Capitana Golfa. Parecen felices por él. El Capitán Idiota sigue estando idiota, no sabe si es más intrépido o más idiota. Aún necesita encontrarse. El Capitán Idiota no quiere hacer daño a nadie. No quiere hacer daño a la Chica Dulce. No quiere hacerse daño. La Chica Dulce está durmiendo la siesta. La Chica Dulce despierta.

jueves, 20 de marzo de 2008

“Semana santa” (miércoles 19 de marzo, madrugada del 20)

Ya es “semana santa”. Este año es muy pronto. Demasiado pronto. La siento demasiado pronto en todos los sentidos. Por supuesto, hace décadas que dejó de tener un sentido religioso para mí. Más o menos hace dieciocho años, cuando dejé de ver como realista la existencia de dios. Del dios judeocristiano. Prácticamente de cualquier dios. Cualquier dios antropomórfico e inteligible. Cualquier dios que sea algo más que el devenir de años y átomos. Puedo estar equivocado. No me importaría. Pero no encuentro demasiados motivos y/o pruebas para pensar en ello.

Pese a todo, incluso después de este cambio en mi forma de ver y entender la existencia, seguí viendo con curiosidad las muestras de la herencia cultural judeocristiana en mi austera y sangrienta versión castellana, seguí y sigo disfrutando de las películas más o menos históricas, del género “peplum” y relativos… De la misma manera que me sigue interesando el mensaje de Cristo, fuera quien fuera, aunque sea en sí mismo imposible de llevar a la práctica… Y me pareció igualmente curiosa la práctica luterana en Noruega, cuando realicé el “scan-rail” durante mi estancia erasmus, ver las calles de Oslo desiertas en “jueves santo” frente al bullicio y el ir de copas católico, incluso en la austera capital de Castilla.

Pero los últimos dos años fueron distintos. Estos últimos dos años que han provocado la existencia de este blog narcisista y egocéntrico. De este blog que, de momento, vuelve a sí mismo como un boomerang idiota.

Hace dos años viví momentos de felicidad que estallaron en mi mente y mis manos. Creí y me dejé enamorar absurdamente por la imagen de la niña de las marismas. Recorrí y recorrimos más de una y de cinco veces las rotondas del éxtasis. Experimenté taquicardias humorísticas y placenteras. Me inventé o creí ver a la niña de la guerra civil, parece que ya definitivamente muerta. Y hubo, como siempre, también momentos de decepción y angustia. Momentos ridículos como sólo los humanos podemos permitirnos. Pero también momentos de felicidad que estallaron en mi mente y mis manos.

Hace un año (las fechas no son precisas, esta semana santa es demasiado pronto), ya más realista, más decepcionado, pero todavía idiota, conocí lo que es ir a Tánger como cualquier marroquí. El simpático racismo de la empresa ALSA. Cómo se puede tardar más de tres horas en cruzar el Estrecho en un ferry lento. Revivir en los ojos y la mente las escenas de los inmigrantes italianos viajando a América. Comprobar cómo España y Marruecos, cómo los españoles y los marroquíes nos parecemos más de los que le gustaría a algunos. Pero ya los momentos de decepción y angustia fueron mayores. Aunque seguí palpando una mano, creí que un corazón, un cuerpo. Seguí sintiendo la leve esperanza de una llama. Pero el vacío fue creciendo. La sensación opresiva en el pecho.

De estos dos años queda esto. Este blog. Por fortuna mis compañeros de viaje a Sanlúcar, que siguen siendo mis anfitriones. La sensación opresiva en el pecho.

Y esta semana santa se presenta muy distinta. Viene a verme a Barcelona una chica de voz dulce a la que apenas conozco más allá de su voz, más allá de sentimientos y experiencias comunes, y a la que seguramente estará bien conocer. Y sé que debería dejar de añorar los últimos dos años, que debería disfrutar de lo que la vida me ofrece. Disfrutar con esta chica/mujer de estar vivos, ser aún jóvenes. De una ciudad como es Barcelona, de este piso céntrico junto a un barrio tan interesante como es el Raval. Debería hacerlo. Y aunque mi mente sigue idiota, aunque todavía no he conseguido dejar de añorar lo que nunca fue bueno, una promesa de algo que nunca existió, lo intentaré. Veré el “Drácula” de Coppola intentando pensar sólo en el presente o incluso en el futuro. Beberé una pepsi pensando que es posible.