jueves, 4 de diciembre de 2008

El Turista Accidental (jueves 4 de diciembre)

PC040087 

   No he leído la novela de Anne Tyler. Apenas recuerdo escenas de la película de Kasdan (el perro saltando desde las escaleras). Pero parece una buena descripción de mi situación actual.

   He venido a Hong Kong cuando ya no sabía si deseaba venir. Y no sé si he perdido a alguien, si he perdido algo, porque no sé si lo tuve, si realmente he perdido algo.  Pero, más allá de estas diferencias, más allá de las diferencias físicas, me puedo reconocer en los ojos de William Hurt.

   Hasta hace unos minutos no me había dado cuenta de que ya era jueves. Hasta que no he consultado el calendario del portátil todavía pensaba que era miércoles. Por eso me sorprendo cuando escucho a en el pasillo a la chica de la limpieza esta mañana. Me voy de la habitación después de ducharme y tomar vitaminas, hipérico, una perla de ajo, una perla de aceite de pescado, gingko y un zumo de naranja.

   Con Pioneer to the Falls de Interpol como banda sonora de mi cerebro cojo el metro en dirección a Po Lam.

   Sentados frente a mí viajan una pareja de veinteañeros. Comparten los auriculares conectados a la Psp. Alternativamente comprueban también algo en el móvil. Ella lleva una camiseta que dice “Fresh Sauce”. Él, zapatillas de piel y gafas de pasta negra. Se acarician las manos, sonríen, cierran los ojos mientras ella apoya la cabeza sobre el hombro de él.

  Metro City Plaza es un conjunto de galerías comerciales haciendo de base de unos rascacielos construidos en ninguna parte. Parece ser una zona residencial de la clase media hongkonesa. Apenas se ven tiendas de firmas de lujo. En una tienda de electrónica venden imitaciones del iPhone por 100€. En el MacDonald’s en el que como hay decenas de niños y niñas con uniforme escolar.

   Soy el único occidental en el Metro City Plaza de Po Lam. Un occidental con los ojos de William Hurt. Un turista accidental.

martes, 2 de diciembre de 2008

Días de años II (martes 2 de diciembre)

Hace ya casi año y medio te ofrecían una mano y una cama sospechando, tal vez, que la oferta ya no sería aceptada. Que entendían que la oferta, por más que doliera no aceptarla, ya no compensaba, porque no era una oferta sentida más allá del miedo superficial y la superficialidad misma, porque no era una oferta esencial ni verdadera.

Hace ya casi año y medio que te creíste librar de una cadena, aunque la cadena siguió aferrada a tus tobillos, tu corazón y tu cuello. Hace ya casi año y medio dejaron de estar presentes una mano, una cama, unos muslos, una voz, una persona. Una esperanza marchita. Una creencia. Aunque éstas eran tuyas. Y también han dejado de estar. Un año y medio perdidos tras un año y medio

Hace ya casi un año que te despediste de una persona esperando verla en menos de un mes. Hace cuatro meses que no te despediste de una persona, de unas personas, porque esta vez era también para siempre. Porque la creencia y la esperanza habían sido también tuyas. Porque la oferta tampoco fue esencial ni verdadera.

Hace ya casi un año esperaba que llegara este día, este momento, para que todo fuera distinto, para que todo volviera a un cauce más esperanzador y soportable. Pero sigue sin aparecer. O está tan seco que no se distingue.

Es todo tan frágil. Tan inconsistente. Tan perecedero.

Hasta tú mismo dudas de tus creencias. De tus esperanzas.

Hace apenas unos años creías contar con una mano, una cama, una voz, unos muslos, una voz, una persona, unas personas.

Y hoy despiertas en Hong Kong en esta habitación de 11 m2 sin saber exactamente para qué despiertas. Y pagas tu habitación hasta el 19 de diciembre cuando tiene el vuelo para España y no sabes si quieres volver, para qué quieres permanecer aquí, para qué quieres volver. Y comes o cenas en un Macdonald’s. Y compras las únicas nubes posibles, y doritos y gominolas y 8 latas de Pepsi.

domingo, 30 de noviembre de 2008

El fin de noviembre en Hong Kong (domingo 30 de noviembre)

Acaba noviembre en Hong Kong.

Los hongkoneses comienzan a abrigarse aunque la temperatura no baja de 15 grados. En los escaparates de las tiendas europeas de ropa los maniquíes llevan pesados abrigos y bufandas.

Algunos días desayuno leche con cereales y zumo. Otros sólo una pepsicola.

Hay ordenadas filas de personas esperando pacientemente para entrar por turnos a tiendas de bolsos a partir de 500€.

Paso gran parte de los días en mi habitación de 11 m2 de Hong Kong. Leo algo. Me masturbo sin ganas. Me ducho. Me afeito. Me corto las uñas.

Hay ordenadas filas de personas esperando pacientemente para entrar por turnos a ascensores que les llevarán a restaurantes situados en una planta con dos dígitos de cualquier edificio.

Veo películas desnudo en la cama con el portátil sobre mi regazo. Películas británicas con bellas actrices inglesas. Películas absurdas basadas en videojuegos con bellas actrices con apellido serbio.

Hay personas subiendo silenciosas en ascensores con pantallas de televisión y rodeados de espejos.

Leo los periódicos en internet. Juego a antiguos videojuegos en mi portátil intentando que sus cacofónicos sonidos mantegan ocupada y absorta mi mente o hagan, como si fueran una espátula, un click en mi cerebro.

Decenas de personas caminan por las calles con bolsas de la mano, con manos en sus manos, silenciosas, sonrientes, solitarias, en parejas, entre los autobuses, tranvías, pasos a nivel, edificios y centros comerciales de Hong Kong.

Camino solitario por las calles de Hong Kong. Érase un hombre a ipod pegado. Como en establecimientos de comida rápida chinos y americanos. Saco dinero prestado de bancos americanos. Compro galletas en tiendas malasias e indias, en multinacionales de muebles suecas. A momentos mi cerebro consigue escuchar a Radiohead, Los Piratas, Iván Ferreiro, Muse, The Editors, Elbow.

Hay decenas de personas comprando en centros comerciales japoneses. Escogiendo cosméticos de multinacionales francesas. Hablando por móviles de multinacionales de Finlandia.

Los días pasan lentos y parecidos. Parece que hace dos años era ayer y que han pasado un millón de años. No aparece el día, la persona, la espátula que haga click en mi mente.

El futuro se presenta como el presente, lento y parecido. Borroso. Pesado. Las imágenes y los pensamientos siguen repitiéndose como los días, como las multinacionales, como los establecimientos de comida rápida, como las filas de personas, como los centros comerciales, como los rascacielos en Hong Kong.

En este caluroso invierno que parece no acabar ni comenzar nunca. Estas navidades plomizas que parecen llegar de nuevo cuando hace tiempo que no llegaron.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Deseos de ser Ikea (jueves 27 de noviembre)


Hace más de un año que no visitaba un Ikea. Más de dos desde mi primera visita a un Ikea. Las cosas ahora son diferentes. Aunque no me atrevo a decir cómo o cuánto han cambiado.


Después de ducharme y afeitarme, salgo de mi habitación saludando a la chica que ha venido para la limpieza semanal.


Entro en algunos supermercados malasios e indios. Compro galletas de nata y de vainilla.


Visito DNM, un centro comercial situado justo enfrente de mi edificio y que, hasta ahora, me había pasado inadvertido (en Hong Kong es imposible ser consciente de todos los centros comerciales). DNM resulta ser un centro comercial un tanto alternativo, con exposiciones de artistas y bonitas camisetas con tirada limitada de diseño. Si no fuera porque vivo de prestado, no me importaría comprar algunas cosas.Pienso, inevitablemente, como un auténtico estúpido, con quién podría haberlo visitado, y habernos probado, y haber comprado algunas cosas.


Entro en el Ikea de Causeway Bay, también a cuatro minutos de mi edificio, intentando encontrar un pequeño espejo.


A veces desearía ser un Ikea. Que me resultara tan fácil tener complementos para todo, adaptarme a cualquier país, hogar, persona. Conseguir la felicidad y la belleza de forma tan barata.


Pero me temo que, en mi caso, soy más bien como ese mueble con unas instrucciones supuestamente sencillas al que le faltan algunas piezas. Al que le sobran algunas otras.


El Ikea de Causeway Bay se ha adaptado perfectamente a Hong Kong. Ocupa dos plantas bajo el suelo de un centro comercial. Todo es pequeño y reducido. Lo que España y Estados Unidos son aparcamientos y enormes hangares, aquí son estrechos pasillos en los sótanos de un centro comercial. Ejemplos de cómo ajustar sus muebles y complementos en pequeñas habitaciones. Un pequeño restaurante en una esquina.


La angustia no se apodera de mí como en mis últimas visitas a un Ikea. Aunque vea la mesa roja que intenté comprar varias veces para mi apartamento en Chicago. Aunque veo a una atractiva china escogiendo mobiliario junto a su novio europeo. Ahora la angustia es una cosa más sorda y líquida.


Compro unas galletas y unas gominolas.


Regreso escuchando “An end has a Start” de The Editors.

Chicas con cuenta en Warcraft y con la melena del color de los cuervos (jueves 27 de noviembre)

Recibo mensajes de algunas chicas para conocerme.

Una dice tener 21 años, ser algo excéntrica, vestir camisetas, ser aficionada al anime y a los videojuegos y tener una cuenta en Wow. Dice que acaba de salir de una relación y que sólo quiere quedar de manera informal. Intentando solventar mi ignorancia, descubro que Wow es el acrónimo de World of Warcraft, un juego de rol en Internet al que están sucritos más de 10 millones de personas en el mundo.

La otra es una mujer de 32 años que ha venido a Hong Kong por motivos de trabajo. Por las formas entusiásticas de su mensaje, sospecho que es estadounidense. Dice ser una profesional poco convencional. Gracias a su mensaje descubro que en inglés de puede utilizar al cuervo para describir un color negro.

Y tal vez sería divertido quedar con una chica de 21 añitos que viste camisetas (no me parece, en principio, la prenda más extraña) y juega al rol en Internet.

E incluso interesante conocer a una mujer que poco convencional profesionalmente (qué voy a decir yo, que aún no sé qué quiero hacer ni dónde). Y, contrariamente a otras personas, siempre pensé que los vikingos demostraban ser inteligentes respetando la inteligencia de los cuervos.

Pero el problema es que, en estos momentos, tengo poco que ofrecer.

No he vuelto a contactar con las chicas que hasta ahora he conocido aquí. No he respondido a algunos mensajes. Ni siquiera he tenido fuerzas para pasarme por el consulado.

Porque, ahora, en estos momentos, no sé si tengo algo que ofrecer. Ya apenas recuerdo mi cáustico e irónico sentido de humor. No sé si tengo fuerzas para hablar sin pausa disimulando la realidad. No creo que quieran, que nadie quiera conocer a alguien que, como yo ahora, no entiende ni conoce nada.

martes, 25 de noviembre de 2008

Expiación (martes 25 de noviembre, madrugada del miércoles)

Atonement

Hace tiempo que perdí la serenidad y la confianza. La autoconfianza. La seguridad en mí mismo y en algunas cosas que tuve algún día. La supuesta virilidad que nunca tuve.

Compré la novela de Ian McEwan en una edición barata, creo recordar, el día de la noche de reyes de este mismo año. En una fría mañana de enero de un invierno y una navidad que parecían no terminar nunca y que aún no han terminado, que parecen no comenzar nunca.

Compré la novela de McEwan en una edición barata que no llegué a leer, que regalé, que no sé si leeré ya algún día. Que tal vez no lea ya jamás.

Así que, después de pasar todo el día de lunes sin salir de mi habitación, vuelvo a salir cuando ya es de noche, vuelvo a comer o cenar en un Macdonald’s, camino por Wan Chai viendo a americanos hablar y reírse a voces en las puertas de bares de alterne donde chicas muy jóvenes están excesivamente maquilladas, compro un cortapelo en Sogo, pago la cena que mi tarjeta de débito no dejó que pagara el domingo, me afeito la cabeza y la barba, me froto la cabeza con sal, me ducho y veo Expiación, Atonement, en la cama de nuevo, de nuevo con el portátil sobre mi regazo, en una versión con unos subtítulos latinoamericanos plagados de errores de una página web que se atreven a publicitar, en esta mi habitación y residencia en Hong Kong de 11 m2.

Oí diferentes opiniones sobre la película hace meses. Tal vez debí haberla visto hace meses en Barcelona. Tal vez.

Pero yo, hoy, aquí, ahora, no puedo decir nada negativo de la película de Joe Wright, más allá de los subtítulos plagados de errores, más allá de verla en un portátil sobre mi regazo, solo en esta habitación de 11 m2 en Hong Kong.

Y me enamoro una vez más de Keira Knightley, pero también me dejo convencer por James McAvoy, el actor protagonista o por los grandes ojos azules de la hermana narcisista en sus diferentes actrices y edades, o seducir tristemente por las palabras últimas de Vanessa Redgrave. Y las imágenes y el montaje son ajustados y hermosos. La banda sonora de  Darío Marianelli es hermosa .

Sólo, que me hace pensar en cuáles fueron los actos que me llevaron a esta raquítica y risible expiación personal que estoy viviendo.

Sólo, que hace tiempo que perdí la serenidad y la confianza. La autoconfianza. La seguridad en mí mismo y en algunas cosas que tuve algún día. Y que cuando veo las últimas escenas de la falsa e inventada felicidad de los protagonistas en la playa, en este invierno que parece no terminar ni comenzar nunca, muestro, una vez más, la ausencia de una supuesta virilidad que nunca tuve.

lunes, 24 de noviembre de 2008

El significado de la pieles. El significado de las palabras (lunes 24 de noviembre, madrugada del martes)

Qué hay más allá de algunas pieles, de algunas palabras.

Por qué se clavan como una estaca, se estancan como agua estancada en el cerebro.

Qué hay más allá de algunas pieles, de algunas caderas, de algunas palabras.

Palabras inciertas y contradictorias, caderas que eran y son sólo caderas, pieles que eran sólo  promesas.

Sí. Por qué están aún clavadas, aún estancadas en mi cerebro.

Qué hay más allá de la química de la  oxitocina y la dopamina, las endorfinas y la serotonina, la vasopresina y las feromonas. Quién las posee en mayor o menor cantidad, quién la produce sin descanso, quién las produce cuidadosamente, con cuidado,  quién sabe conjugarlas con el compromiso, la razón, la verdad. Dónde se compran estas drogas. Dónde encontrarlas. Dónde encontrala.

Sí, cuándo llegará el momento, cuándo me llagará el momento en que la química se una a la razón, las palabras a la verdad, una piel a mi piel. Sin caducidad, sin dolor, sin miedo.

Cuándo comprenderé el significado de las pieles y las palabras.