sábado, 7 de febrero de 2009

Confusión, éxtasis y caballos (sábado 7 de febrero)

Leo en Público la noticia de cómo el Presidente del Consejo Consultivo sobre el abuso de Drogas del Ministerio de Interior del británico ha afirmado, en un artículo de una importante revista científica, que el consumo de éxtasis no es más peligroso o adictivo que montar a caballo.

Sólo he montado a caballo, me parece recordar, una vez en mi vida. No tendría más de 8 ó 9 años. No me pareció peligroso. El caballo me parece un animal muy hermoso.

Sólo he consumido éxtasis (MDMA) una vez en mi vida, dos días de mi vida. Y fue divertido. Incluso el peligro inherente. Y me sentí feliz. Y casi todo fue mentira, como han mostrado ser algunas cosas, las más importantes, de aquellos días. Pero no fue el éxtasis.

El infierno no está en las cosas.

No soy un defensor del consumo de drogas. Tampoco un detractor. Sólo pienso lo de siempre, que el mundo es muy complejo. Un mundo lleno de matices. Y que casi todo, casi todos, es, somos química, átomos chocando cuyo sentido, cuya combinación, cuyo control todavía, más en estos días, no logro comprender bien.

Hoy hace una semana desde que escribí la última entrada en este blog. Ha sido una semana como tantas semanas desde hace tantas semanas. Demasiadas semanas. Una semana confusa.

Pero esta semana no he montado a caballo. No he tomado Éxtasis.

Todo lo que he hecho, todo lo que he consumido ha sido, es “legal”.

Pese a todo, el mundo me ha parecido seguir siendo muy complejo.

sábado, 31 de enero de 2009

Dioses cayéndose sobre sí mismos en la nada. Google se cae (sábado 31 de enero)

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   Cuando regreso de Gijón mi viejo perro de 14 años me mira somnoliento desde su vieja cuna desvencijada.

   Leo en la versiones en internet de Público, El País y El Mundo que Google ha dado mensajes de error durante casi una hora. Todo el mundo desorientado por una empresa, por un buscador, por Google.

   Bajo la noticia de Público hay tres anuncios de Google:

   El tercero es de Greenpeace y dice: Yo soy Antinuclear.

   El segundo es de un blog que informa  sobre la situación en Gaza.

   El primero es de Google y dice:

   Google Mini:

   Busque en su Sitio Web Público y su Intranet con Google Mini.

Google.es/Mini

   Sí, el mundo es muy complejo.

   Y, por instantes, pese a mí mismo, pese a Gaza, pese a la energía nuclear, hasta divertido.

Dos hermanos buscando en Gijón (sábado 31 de enero)

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   Acompaño de manera casi obligada a mi hermano a Gijón.

   Mi hermano y yo nunca hemos tenido una relación especialmente estrecha. Supongo que somos demasiado diferentes. Tal vez hemos huido, huimos de lo mismo de diferente manera. Desde que me perdí un poco más él intento acercarse sin saber él tampoco aún cómo encontrarme, cómo en encontrarnos.

   Su novia participa en un campeonato de natación. Él hubiera participado también si no fuera por algún problemilla en el cuello. Las personas nadan en grupos y esperan horas. El ambiente esta cargado de una humedad clorada. Él se hubiera aburrido solo. Mi madre desea que yo salga más y, a la vez, que mi hermano y yo nos encontremos, que mi hermano me ayude un poco en mi interminable desorientación.

   Llegamos a Gijón el viernes al mediodía (su puesto de funcionario le da más días libres que si fuera reponedor en un supermercado, mi excesiva actividad mental e inactividad física me deja más días libres que si fuera reponedor en un supermercado). Comemos.  Recorremos su paseo marítimo. Hablamos un poco de todo. La crisis. La posibilidad de que se compre un piso con su novia si el precio de los pisos baja un poco más hasta donde debería haber bajado (o desde donde nunca debería haber subido) hace años. Hablamos un poco de todo sin especial profundidad.

   Vemos nada a su novia durante unos minutos. Ninguna marca en especial. Pero parece disfrutar haciéndolo. Les envidio el disfrutar tanto de hacer algo tan poco extraordinario, tan natural, como nadar con otras personas que tampoco son extraordinarias. Les envidio la aparente cotidiana felicidad de sus vidas.

   Yo ya no creo en la normalidad. En su paradigma. Tampoco estoy seguro de lo que es estar sano. De si es posible estar sano de una manera absoluta. En cualquier sentido. Uno solo. En compañía. Pero la relación de mi hermano con su novia me parece de la más sanas que conozco o haya conocido.

   Tanta sanidad sintiéndome solo en compañía me pone inevitablemente  triste cuando me invitan a cenar y el trankimazin no vale para nada.

    Llevamos a la novia de mi hermano al hotel donde se hospeda el equipo.

   Dejo que mi hermano vaya a ver nadar a su novia de nuevo unos minutos al amanecer. En este maldito hotel Try Rey Pelayo sólo dan La Razón, el ABC, La Vanguardia y la Voz de Asturias. Me compro El País y una coca-cola en el kiosco de al lado.

   Mi hermano regresa. Desayunamos. Caminamos de nuevo por El paseo marítimo. Hablamos. Llegamos tarde para ver de nuevo a su novia nadar unos minutos.

   Comemos. Seguimos hablando. Pero ha pasado ya un día. Me habla de su primera novia y de sus errores. Yo le hablo de los míos. Regresamos hablando mientras atravesamos la Cordillera Cantábrica por un puerto de Pajares nevado.

   No, por supuesto, aún no he encontrado lo que estoy buscando, aún no me he encontrado, pero tal vez este viaje me haya venido bien. Tal vez mi hermano y yo nos conozcamos más. Tal vez estemos un poco más cerca.

   Algo siempre es algo.

jueves, 29 de enero de 2009

Jenna the Astrologer y tantas vidas en tránsito… (miércoles 28 de enero, madrugada del 29)

intro 

   Creo que no llegué a contarlo.

    A finales de octubre de 2007 en Chicago tuve la brillante  idea de invertir no recuerdo bien si 50$ en una vidente. Hacía tiempo que lo había pensado. Había un cartel de luces de neón junto a la parada de metro de la Western. Era un cartel con cierto encanto junto a un autodealer, enfrente de un MacDonald’s, en un edificio destartalado.

   Era sábado. Venía de conocer a una chica que no había resultado ser nada interesante. Se me había pinchado la rueda trasera de la bicicleta. Volvía en metro con la bicicleta a cuestas. No era mi mejor día. No estaba en mi mejor momento. No lo hice por un sentido lúdico.

         La “vidente” era una mujer mayor, de más de 60 años. Parecía hispana pero no parecía hablar español. Después de una breve negociación quedamos en que por 50$ me leía la mano y las cartas.

   Según ella, la  mujer en la que aún estaba pensando ya estaba con otro hombre. Conocería a una mujer en el abril próximo con la que habría una gran conexión, y si sabía aprovecharla tendría, me parece recordar, dos hijas con ella. Acabaría viviendo en la costa, en un lugar cálido, con ella y mis dos hijas.

   Me dijo que alguien había intentado hacer daño a mi familia hace años y no sé bien qué relación de todo ello conmigo.

   Chicago no sería mi lugar.

   El éxito profesional también estaba al alcance de mi mano. Debería dedicarme con todas mis fuerzas a algo que había deseado desde niño.

   Me pidió 10$ más para poner una vela por mí en una iglesia a no sé qué santos. Me pidió que volviera en una semana

   ¿Acertó en algo? Sí. ¿Lo descubrió en las cartas o en mi mano? No. ¿Volví? Tampoco. ¿Puede que suceda o que sucediera algo de lo que vaticinó? Puede.

  Porque sí, el mundo es muy complejo, y absurdo, y si tuviera mejor humor me reiría de todo ello en estos momentos.

   Pero no tiene, no hay soluciones sencillas. Las soluciones sencillas no suelen ser buenas soluciones.

   Compruebo como gran parte de las visitas a este blog, y más concretamente las provenientes de Latinoamérica se deben a esta maravillosa mujer, a esta maravillosa creación, a la entrada que escribí sobre  Jenna the Astrologer.

   No busquen más. No lo piensen más. No existe. La anterior entrada pretendía hablar precisamente de ello: hablar de cómo es de absurdo y complejo el mundo y de cómo no hay soluciones sencillas.

   Espero que se entendiera la alusión a Jenna the Astrologer. Pretendía basarse en la ironía..

    No busquen más.No hay soluciones sencillas.

   En este chocar de átomos que los es todo, en este chocar de átomos que nos forma, tal vez se haya dado una combinación que conozca como chocará el resto. Incluso una combinación de átomos con alguna personalidad que nos haya creado al resto. Pero hay pocas pruebas. O ninguna. Y, desde luego, no lo hará por correo electrónico dándole sólo cuatro datos.

   El mundo es un poco más complejo que eso.

   Lo átomos son un poco más imprevisibles.

   El pensamiento mágico tiene más de mágico que de pensamiento.

    Hace unos años descubrieron un decimotercer signo astrológico: Octopus.  Pensaron que no valía la pena decir que todo lo dicho hasta ese momento era un error. Era mentira. No dejaron al pobre Octopus desordenar el absurdo y asentado orden astrológico, No obtuvo su lugar en el horóscopo.

   También tuve una amiga que leía las cartas. A veces era divertido que te las leyera con dos copas.  Tampoco recuerdo que acertara nunca.

martes, 27 de enero de 2009

AdSense en El Mundo es muy Complejo (martes 27 de enero)

AdSense

   Decido seguir jugando a esto de los blogs.

   Decido añadir publicidad de Google con AdSense.  Y no porque crea que me vaya a significar ningún ingreso (y no porque no desee obtener ingresos, después de más de un año sin obtenerlos, viviendo de préstamos con 31 años en casa de mis padres, aunque sólo fuera para sufragar los 70€ semanales de psicoanálisis). Sólo por jugar. Por experimentar lo que es internet en un mundo complejo y en El Mundo es muy Complejo.

   Y aparece un anuncio de promoción de Revolutionary Road junto a su entrada, y no está mal. Queda hasta estético.

   Y aparecen anuncios relacionados con Valladolid. Lo que tiene algún sentido.

   Y aparecen anuncios sobre el sueño, la depresión, antidepresivos. Y, por desgracia, también tiene sentido.

   Y aparece un anuncio para gays de Parship. Aunque yo nunca haya confesado nada. Pero tampoco me parece mal.

   Y hay un anuncio animado para descargarse gratis (no me molesto en comprobarlo) el “villancico+loco” que queda un poco triste y desfasado.

   Y algunos otros anuncios para descargarse cosas absurdas para el móvil.

   Y no sé si es por AdSense, pero se desdibujan los dibujos para agregar a los marcadores sociales.

   Y descubro que no te permiten poner más de un número determinado de anuncios por página (estos de Google no son tontos).

   Y en dos días  he ingresado 60 centavos de dólar.

   Y todo es muy absurdo.  

   Y realmente el mundo es muy complejo.

lunes, 26 de enero de 2009

Franz Ferdinand in The Assembly Rooms (lunes 26 de enero)

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   (Una fotografía de una fotografía… Una fotografía de una canción)

   Recordaba Take me Out de los descansos de Americana Absurdum, quizás porque fue la obra (sus dos partes) que más me gustó de todas las que vi en los siete años que trabajé en The Assembly Rooms, en Edimburgo. Pero no puede ser, porque veo que la canción es del 2004 y Americana Absurdum la vi en mi primer año trabajando en el festival, en el año 2000. Tal vez sea una de esas conexiones que haces cuando algo te gusta. Si no entrara en pormenores, quién sabe, quizás en un futuro todavía quedara algún registro de este también, una vez más, absurdo blog, y alguien dudase. Quién sabe.

   En cualquier caso, debí de ser uno de los primeros en escucharla, allí en Escocia, en Edimburgo, junto a la industrial Glasgow donde se formaron. Podría haberme sentido uno de los primeros “modernillos”, aunque nunca me he sentido ni le he visto especial gracia a eso de ser “modernillo”. Y aunque no sea ningún fan fatal de Franz Ferdinad. Pero me gustó, me gusta Take Me Out. Y valoro su sentido de lo lúdico, cómo hacen de lo lúdico algo tan elegante, vagamente cultural e infantilmente cool.

   También lo conecto con Kate, una de mis compañeras en el teatro, no especialmente guapa (porque las hubo y las había y supongo que aún las habrá realmente guapas), pero sí muy agradable, una chica realmente agradable. Pero tampoco puede ser. Porque conocí a Kate en el 2005. Y con Kate, y con mis demás compañeras guapas, y las que tampoco lo eran, incluso con algún compañero (los chicos siempre fuimos escasos) nos poníamos de pie frente a la puerta, entre las columnas de The Assembly Rooms, e indicábamos dónde estaban los servicios (creo que me sé casi todos los sinónimos en inglés), o cuándo acababa la obra, o cuando empezaba la obra, o en qué sala era la obra o subíamos a la disciplinada fila que esperaba en George Street hasta The Ballroom cuando empezaba la obra, o en The Drawing Room, o nos cambiábamos con los compañeros, más bien compañeras, de The Music Hall, para no ver siempre la misma obra, para ver el mayor número de obras posibles. Y hablábamos entre obra y obra. Y nos íbamos al break y recogíamos los vasos de plástico que habían quedado en la sala.

   En el año 2000 viendo Americana Absurdum. En el 2004 escuchando en los intermedios de alguna obra que no recuerdo Take me Out. En el Edimburgo en que anochece tan pronto, hasta en verano. Cuando era aún tan pronto para todo o ya parecía tarde. Entre decenas de compañeras, algún compañero y los managers, generalmente homosexuales o lesbianas. Y yo debía ser el exótico, que diría Aznar, español que intentaba chapurrear ese inglés que mejoraba durante el festival para olvidarlo hasta el festival del siguiente año.

   Más tarde, en el 2006, grabé su primer disco y el segundo, You Could Have It So much Better para una fiesta en un piso del centro de Valladolid. Una fiesta con amigos que desaparecieron, con amigos que no lo eran y pedantes gestores culturales. Sintiendo algo que patológicamente podría llamar amor. Tal vez me creí el Take Me Out, aunque hubiera funcionado mejor You Could Have It So Much Better.

   Más tarde, en el 2006, fui acompañado a Edimburgo. Y en algún momento se desmoronó todo. En algún momento todo se había venido abajo. Mi soledad protegida. Las breves tardes de Edimburgo. Aunque hubo momentos de extraña, falsa y cegadora felicidad. Las guapas compañeras. Aunque lo pasamos bien con los chicos del grupo Yllana, su 666, su “sketch” de las rayas de coca en la barra del bar de Blade Runner que sólo reíamos los españoles… y las dificultades reales para encontrar buenas drogas en Edimburgo de su técnico canario. Ver a Pete y a su novia italiana (como imágenes repetidas en personas y lugares diferentes, de un modo u otro). No ver a Finn. Ver a japoneses jugando con espadas. Y conocer lo que es la ansiedad. Lo que es ir a fiestas a las que debería, ya, no haber ido, pese al “He’s a beautiful man” del gran técnico neozelandés. Ver el futuro desmoronándose.

   Algo se había roto ya. Algo que aún no se ha reparado. 5 años. 9 años. Tanto tiempo en que ha pasado tanto y tan poco. 9 años en los que se me ha caído la vida un poco entre los dedos. Y, sí, tal vez ahora me venga mejor Ulysses, aunque yo aún no haya encontrado la forma, aunque aún no conozca el camino. Aunque yo también sepa que no existen Ulises o simplemente yo no lo sea. Aunque ahora me falte el sentido de lo lúdico. Incluso de la elegancia. Aunque yo prefiera, aunque yo hubiera preferido Take Me Out.

   De otra manera, claro.


Revolutionary Road, Real Road, Future Road (domingo 25 de enero, madrugada del lunes)

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   Camino por Isabel la Católica a un grado bajo cero, con El País bajo el brazo y escuchando Ulysses de Franz Ferdinand en mi Ipod.

   Hoy me he puesto el colorido jersey que me regaló mi hermano en navidades intentando evitar los colores oscuros y neutros que llevan cubriendo mi piel los últimos meses y años.

   Hoy he decidido aceptar la invitación de una amiga, llamémosla Capitana Abogada, de ir al cine con ella y un amigo suyo a ver Revolutionary Road.

   Llego unos minutos tarde y mientras emiten los tráileres y los busco pienso si hay alguna promoción que diga algo así como: “ No deje de ir al cine en sus últimos días”; viendo la media de edad de los espectadores.

   Soy un  miembro de la sociedad de principios del S. XXI y no he leído la novela de Richard Yates, no. Y en Valladolid es imposible ver una película en versión original. Pero pese a todo comprendo la angustia de los protagonistas al darse cuenta de llevar una vida contraria a la que hubiesen deseado, a sentirse o querer sentirse especiales y no serlo, saber que no lo son. A darse cuenta que lo que llamaron amor tal vez no fue más que huída y narcisismo.

   Mendes siempre ha sabido retratar la vida de la clase media estadounidense y todos los demonios que oculta en los desvanes de sus casas con jardín. Y Kate Winslet, su mujer,  siempre me ha parecido una actriz estupenda e inteligentísima. Incluso aprecio la interpretación de DiCaprio, actor del que nunca he sido especial defensor.

   Y comprendo que el “loco” de la película sea el único que se atreva a decir lo que piensa. El único que dice “la verdad”, sea lo que sea “la verdad”. El único que ya no tienen nada que perder, el único que no quiere o no puede ya jugar un papel en ese para algunos tan divertido juego de representaciones que es la sociedad.

   Y recuerdo lo que es coger un tren repleto de trabajadores que perderán una hora de sus vidas yendo a un trabajo que no les gusta, y que perderán ocho horas en ese trabajo, y otra hora más para encerrarse con sus demonios en su casa con jardín.

   Y aquí estoy yo, también, con mis 31 años, con mi parte de locura aunque sin saber matemáticas, sabiendo que éste no era el destino que esperaba ni deseaba para mis 31 años.

   Pero sabiendo también que  el lugar: Valladolid, Chicago, Barcelona, Hong Kong, París… No importan.

   Importa uno, importan los otros, importan dos. Y en mi caso sin miedo a alienarme en otro, pero sí a destruirme en otro,  a representar un papel sólo para que continúe la función.

   Pienso en esto tras dejar a la Capitana Abogada, mientras camino a un grado bajo cero con El País bajo el brazo y escuchando Ulysses  de Franz Ferdinand en mi Ipod.

   Un Ulises sin Ítaca  ni Penélope que lo esperen y que sólo tiene fuerzas para pensar cuándo encontrará su Revolutionary Road, cuando dejara su Real Road, cuándo llegará a su Future Road.