sábado, 22 de noviembre de 2008

The Duchess. La superficial repetición de la historia (sábado 22 de noviembre)

TheDuchess

   Si no la felicidad, Hong Kong o una actividad en la que me sienta realizado, al menos conoceré la filmografía de Keira Knightley.

Hay cosas peores.

Cuando la semana pasada intenté ver The Duchess en el cine ya no estaba en la cartelera. Finalmente, la veo de nuevo sobre mi regazo, en una copia yo creo que india que llega hasta mí a través de internet saltándose algún derecho de autor.

Y sigue siendo especialmente agradable ver y ver actuar a Keira Knightley en esta película sobre Georgiana Cavendish, esposa de William Cavendish, 5º duque de Devonshire, su vida, su amante, las amantes de su marido (y es también agradable ver actuar a Ralph Finennes).

Y la película es también digna aunque, como es costumbre, como le pasó también a Sofía Coppola con María Antonieta, se deja seducir por el lujo y lo superficial, los grandes palacios y los trajes y pelucas de época…

Es lógico. A todos nos pasa.

Se les olvida tan siquiera mencionar, se nos olvida por lo general pensar cuando lo vemos, de dónde venía, de dónde viene la riqueza para tantos palacios, carruajes, lacayos, trajes, pelucas… Como era, cómo es la vida fuera y sin ellos.

Y aunque aparece apuntado, tampoco menciona cómo  Georgiana gastó ingentes fortunas jugando. Cómo gastó la fortuna de cientos y cientos de personas. Cómo, rodeada y apoyando a políticos (liberales en el buen y casi ya perdido sentido, salvo por el absurdo anglicanismo) e intelectuales, se dedicó no a no hacer nada como yo, sino a no hacerlo mientras malgastaba la fortuna de otros e influía, como María Antonieta, de la que fue lógicamente amiga, en la calidad de vida de tantos otros.

La película prefiere centrarse en lo afectivo,en triángulos amorosos.

Es lógico. A todos nos pasa.

Prefiere centrase en el machismo imperante en la sociedad. En las normas arbitrarias de la sociedad. En cómo lo que para unos, generalmente los hombres, estaba permitido, era un delito para otros. Es fácil sentir lástima por ella.

A lo que muchos renuncian por techo y comida, otros lo hacen por palacios, carruajes, lacayos trajes y pelucas. Por poder social, sexual o político. Incluso por cosas mucho más ridículas e insignificantes. La historia ha sido siempre así.

Una descendiente de Georgiana Cavendish se llamó Diana.

Improductividad improductiva V. Western Market (jueves 20 de noviembre)

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Me monto en un tranvía con publicidad de Bulgari.

Recorro las calles de Hong Kong hacia el  oeste: Wan Chai, Admiralty, Central…

El tranvía llega al final de su recorrido junto al Western Market, uno de los edificios más antiguos de Hong Kong, su centro comercial más antiguo.

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Vuelvo caminando hasta Central.

Los adornos navideños de esta navidad que parece no acabar ni comenzar nunca ocupan poco a poco edificios, calles y cerebros.

 

Como un fish&chips un poco horrible en Lan Kwai Fong viendo una gran furgoneta aparcada frente a mí.

Centros comerciales, marcas de lujo, personas con bolsas.

Regreso en el metro.

La noche cae sobre mi edificio.

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La noche, una noche que no es como otras noches, una noche que no quiero en mis noches, cae seguramente sobre algunas cosas más.

Hablo con mi madre en España.

Me pongo triste.

Me acuesto.

Burn after Reading (miércoles 19 de noviembre)

Burn After Reading

Me levanto tarde. Pierdo el tiempo. Salgo de mi habitación tarde. Ceno en Maxim´s.

De vuelta, intentando despejar la mente, entro en los UA Cinemas a ver Burn after Reading.

Nunca he sido un fanático de los hermanos Cohen, pero sus películas siempre me parecen interesantes.

Ésta no es de las mejores, es mucho peor que No Country for Old Men, pero sigue siendo interesante.

Aunque no sé si me mejora el ánimo ver esta supuesta comedia sobre las consecuencias del egoísmo, la vulgaridad y estupidez de los seres humanos.

Sobre la estupidez de los supuestos servicios de inteligencia.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

The Edge of Love. El significado de las palabras (miércoles 19 de noviembre)

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   Después de otro día en estos mis 11m2, después de dormir de nuevo sobre la cama y con la luz encendida y despertarme muy temprano pensando en todas las cosas que debería haber hecho, que no he hecho, que no hago, que debería hacer, me quedo en estos mis 11m2 en la cama con el portátil sobre mi regazo.

   Nunca había soportado la idea de ver una película en un portátil, pero aquí ahora, no me quedan muchas más opciones.

   Habiendo visto en Hong Kong la copia en ese estrambótico formato que es el VCD de una película titulada “The Edge of Love” con Keira Knightley no pude dejar de sentir, quizás por ella, cierta curiosidad. Y la suerte me ha proporcionado una versión en emule con subtítulos en español (la suerte no ha conseguido que los subtítulos fueran excesivamente correctos) .

   Y siempre es una experiencia sumamente agradable ver a Keira Knightley, aunque sea en un portátil sobre mi regazo, y la película es más que digna, y  escucho poemas de Dylan Thomas.

   Y no conozco apenas su obra, pero los versos que escucho despiertan mi interés. Y los cielos nublado de Gales. Incluso saber que la película se estrenó este mismo verano en el Festival de cine de Edimburgo.

   Y tampoco creo ni comparto en exceso la imagen del poeta maldito, que malgasta su vida y la de los demás con la excusa de las palabras, del arte, de su poesía. Y viendo esta película, el simpre erróneo triángulo amoroso entre Thomas, su mujer y una amiga de la infancia, me reafirmo en la idea de que hay palabra que no son más que palabras, personas que no dicen y escriben más que palabras. Y la belleza, la belleza de las palabras, es importante, pero no lo es todo, a veces es muy poco. Y hay personas que minusvaloran siempre las consecuencias de sus actos y sus palabras. También,seguramente, viendo The Edge of Love, debería aprender un poco del amor. Del perdón cuando es justo, merecido y necesario. Tal vez.

   Deberé, pese a todo, por ello mismo, leer a Thomas.

   Keira Knighley sigue demostrando ser una buena actriz. Sigue siendo bellísima.

martes, 18 de noviembre de 2008

Navidades y el Bosco (martes 18 de noviembre)

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Pacific Place es otro complejo de rascacielos con su centro comercial de tiendas de lujo.

El lunes consigo salir de mi habitación al mediodía.

Como en un MacDonald’s (Nunca había comido antes en esta clase de sitios)

Camino hasta Wan Chai.  Admiralty.

En las tiendas de Pacific Place ya se escuchan melodías navideñas. De esta navidad que parece no comenzar ni terminar nunca. En este verano que parece no terminar nunca.

Una china joven y muy bella, vestida con un elegante vestido crema y unos zapatos con una correa con hebilla en el tobillo, camina de la mano de un joven occidental que habla por su móvil en francés.

Llego hasta Central.

Un autobús me lleva a través de la costa de regreso a Causeway Bay.

La Plaza de Times Square está ya adornada con una decoración navideña que parece imaginada por un Bosco postmoderno y cargado de psicotrópicos.

Compro zumo de naranja, chocolate, doritos, cacahuetes, agua mineral y manzanas.

Me quedo dormido sobre la cama con la luz encendida.

Subo estas entradas a las 9:45 de la mañana.

El perro negro de Churchill (martes 18 de noviembre)

En los últimos días el perro negro de Churchill no ha dejado nunca de caminar a mi lado, de dormir en mi regazo.

No he salido mucho los últimos días. No me he puesto en contacto con ninguna de las mujeres que he conocido aquí. Realmente, no me he puesto en contacto con nadie.

Hacer una copia de la llave del apartamento el viernes, después de romperla intentando abrir una caja metálica de horribles galletas Danone hechas en  Malasia (hace ya unos años que no paran de ocurrirme estas cosas).

Leer algo de Vallejo y Sobre los Ángeles de Alberti.

Leer algo que escribí hace años y que parecía predecir mi pasado reciente y mi presente.

Ducharme por primera vez en dos días y salir de mi habitación para cenar algo por primera vez en dos días el domingo por la noche. Ver en un restaurante Maxim’s, mientras ceno, como una bella joven china con un sombrero negro mete vegetales en una de esas cazuelitas donde, supongo, las cuecen todos juntos.

No, no he salido mucho los último días. No he hecho muchas cosas.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Anochecer en el puerto (jueves 13 de noviembre, amanecer del viernes)

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Hong Kong se ve hermosa en el anochecer a lo lejos.

Por 2,2 HK$, o 22 céntimos de euro cojo el ferry que me llevará a la orilla de Central.

Algunos rascacielos tienen toda la fachada iluminada con imágenes navideñas. Metros y metros cuadrados de bombillas y electricidad.

Hago decenas de fotos desde el ferry. La luna queda a mis espaldas.

En las pantallas del autobús de vuelta a Causeway Bay una joven parece hacer gimnasia acompañada de niños y niñas excesivamente sonrientes sobre fondos verdes