Ya es oficial. Ser inmigrante “ilegal” en Italia es delito. Caminar unos metros o ir en barco de un lugar a otro te puede convertir en delincuente. No hay que hacer más. Estamos hablando de países “democráticos”. De la Unión Europea. De madrugada, en el periódico “liberal” El Mundo, el 89% de sus lectores está de acuerdo.
Los ministros de exteriores europeos deciden que un inmigrante “ilegal” puede estar recluído 18 meses. Ir en barco o hacer un viaje en avión de un lugar a otro puede hacer que te detengan 18 meses. Esto aún tiene que votarlo el Parlamento Europeo.
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viernes, 23 de mayo de 2008
martes, 20 de mayo de 2008
Paseo por Barcelona (lunes 19 de mayo, madrugada del 20)
Consigo salir de casa antes de las cinco de la tarde. Todo un logro. Antes descubro que parece ser que no voy a poder disfrutar de mi chocolateterapia. Hace falta estar totalmente depilado, según la amable mujer que me atiende al teléfono. Veremos por qué me lo cambian….
Barcelona es un hervidero de personas podríamos decir para desorientar al google y a tanto escritor original. La Rambla es siempre un continuo ir y venir de personas, en su mayor parte turistas extranjeros. Cuando necesitas preguntar por una dirección resulta difícil encontrar a alguien con pinta de ser de Barcelona para que te oriente.
Quiero lograr también comprarme un pantalón y una camiseta para ponerme por fin a correr un poco todos los días, pero el azar hace tiempo que me es esquivo y no hay la talla de los modelos por los que por fin me decido (y que me tal vez permitirían conceder un poco de dignidad visual a mi cuerpo).
Barcelona, en cualquier caso, pese a mi estado, pese a recordar siempre todo, momentos tan imperfectos que no logro expulsar de mi mente, me resulta siempre, aunque pueda sonar contradictorio, acogedora. Incluso me resultan bellas las calles del Raval, su mezcla de negocios tradicionales y los regentados por inmigrantes, su mezcla de lenguas y culturas. Las estrechas calles de la vieja Barcelona, algunas con una muy real necesidad de mejora, otras adecentadas levemente o renovadas con algunos edificios, en su mayoría de protección social, de una calidad y estética muy aceptables.
Finalmente hoy no he conseguido tampoco mucho. Regreso al piso después de parar en el supermercado.
Barcelona es un hervidero de personas podríamos decir para desorientar al google y a tanto escritor original. La Rambla es siempre un continuo ir y venir de personas, en su mayor parte turistas extranjeros. Cuando necesitas preguntar por una dirección resulta difícil encontrar a alguien con pinta de ser de Barcelona para que te oriente.
Quiero lograr también comprarme un pantalón y una camiseta para ponerme por fin a correr un poco todos los días, pero el azar hace tiempo que me es esquivo y no hay la talla de los modelos por los que por fin me decido (y que me tal vez permitirían conceder un poco de dignidad visual a mi cuerpo).
Barcelona, en cualquier caso, pese a mi estado, pese a recordar siempre todo, momentos tan imperfectos que no logro expulsar de mi mente, me resulta siempre, aunque pueda sonar contradictorio, acogedora. Incluso me resultan bellas las calles del Raval, su mezcla de negocios tradicionales y los regentados por inmigrantes, su mezcla de lenguas y culturas. Las estrechas calles de la vieja Barcelona, algunas con una muy real necesidad de mejora, otras adecentadas levemente o renovadas con algunos edificios, en su mayoría de protección social, de una calidad y estética muy aceptables.
Finalmente hoy no he conseguido tampoco mucho. Regreso al piso después de parar en el supermercado.
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