sábado, 13 de diciembre de 2008

Noelle y 99 Francs (sábado 13 de diciembre, madrugada del domingo)

Espero a Noelle frente al Mandarin Hotel, en la esquina de la gran tienda de Chanel. Son las 4 y 10 de la tarde.

Noelle lleva, como decía en su sms, falda y blusa negras. Tacones. El negro siempre es un color elegante. El negro siempre es un buen color para estilizar la figura. Noelle decía, entre otras cosas, en el primer y elaborado mensaje que me envió: “Look is of course important to an extent, and trust me, i do not disappoint”. Yo soy siempre más partidario de las descripciones estrictamente descriptivas que de las valorativas. O al menos siempre son mejores las descripciones valorativas un tanto dubitativas. Nunca sabes, ni siendo Olga Kurylenko, cuáles serán los gustos de la otra persona.

Después de que Noelle compre un paquete de chicles y pregunte dónde está exactamente el City Hall Theatre, llegamos a él y entramos en la sala donde proyectan 99 Francs dentro del French Cinema Festival.

La película, sin ser genial, tiene cierta gracia e interés en algunos puntos. Y sigo interesado en el libro en que se basa y su autor, Frédéric Beigbeder, miembro de la clase alta y pija parisiense, tertuliano televisivo, dj, publicista cocainómano creador del eslogan del anuncio del Wonderbra “Loook to my eyes. I said to my eyes!” y consejero del candidato del Partido Comunista Francés en 2002 (consiguieron el 3,37% de los votos). Un tipo que tal vez no me gustaría, pero interesante. Siempre es necesario recordar y recordarse a uno mismo cómo se hace la publicidad y cómo la publicidad construye nuestro mundo.

Después de la película, Noelle me invita a elegir entre un restaurante tai o uno chino. Escojo el Tai, pero no está donde pesaba. Acabamos en el American Peking Restaurant, en Wan Chai, que pese a su nombre es un popular restaurante chino desde la II Guerra Mundial. Aunque veo cómo sirven una especie de gambas en tempura con salsa y pato asado, Noele elige una especie de vegetales con salsa y algo que dice que es cangrejo, una especie de relleno con cerdo y arroz y algo de ternera con salsa de soja y verdura. Intento probarlo todo y aparentar que ceno. Me dejan usar cubiertos y pedir agua para evitar el té caliente.

Noelle ha vivido 18 años en Europa. Viene de una familia de clase alta. Ella trabaja en un banco, del que no me dice el nombre, y tiene trece personas a su cargo destinadas a siete países asiáticos. Su hermana, casada con un alemán, se dedica a comprar y vender propiedades. Noelle me habla de sus amigos internacionales, de las veces que viaja por placer o por trabajo, de sus amigos propietarios de helicópteros. Noelle parece segura de sí misma, pero yo diría que sólo lo parece. Aunque cree que el colapso económico saneará el sector, no la veo excesivamente preocupada. Cuando le pregunto por cuestiones políticas en China, evita el tema.

La alta ejecutiva de un gran banco pide envases para llevarse la cena que ha sobrado.

La acompaño hasta la parad del autobús que la llevará a su piso en Central. Me dice que sigamos en contacto y que la avise para ver otra película.

Vuelvo caminando.

Paro en Maxim’s para cenar mi ala de pollo y mi entrecot barato y, en verdad, cenar algo.

Regreso sin caminar demasiado. Aún detenido.

Efectivamente, no había tanta prisa.

viernes, 12 de diciembre de 2008

El turista accidental II (viernes 12 de diciembre)


El cielo está nublado cuando salgo de mi habitación a las 2 de la tarde. Acabo de recibir un mensaje de la mujer ejecutiva que comienza diciendo “Buenas tardes, carino” (no puedo exigir que su móvil chino tenga ñ) y pregunta en qué lugar y a qué hora quedaremos para ir al cine mañana.

Lo que debería haber hecho hace dos meses lo hago hoy. En la parada de Admiralty pregunto a un hombre dónde está Pacific Place Two. Cruzo el paso elevado y una vigilante vuelve a indicarme la escalera mecánica precisa. Subo en un ascensor en el que uno teclea antes de montarse en él a qué piso desea subir. Subo hasta vigésima planta.

En el consulado español la atención “a españoles” termina a la una. Son casi las cuatro. Pese a todo pregunto a la mujer china que está tras la ventanilla por el nombre que me dio hace casi dos meses la mujer española de Discovery Bay. Resulta ser una mujer de Burgos agradable que vive también en Discovery Bay con sus hijos y un perro. Me pasa una lista de centros donde se imparte español. Me dice que a veces es un poco complicado conseguir un permiso de trabajo. Me da su tarjeta por si necesito cualquier cosa. Me pide mi curriculum por si sabe de algo. Cuando se lo entrego hace un comentario sobre lo corto que llevo el pelo ahora.

Decido, aprovechando el día y el ánimo, entregar mi curriculum personalmente en algún lugar más.

En Central lo entrego en una academia de lengua española dirigida por un español. El dueño está de vacaciones y me atiende alguien del que su tarjeta indica que es coordinador de estudios. Es de León y me dice que de momento no necesitan a nadie. Que no lo ve muy fácil en Hong Kong. Puedo equivocarme, pero parece la clase de persona que no ve nunca las cosas fáciles y que no desearía saber o pensar que no son tan difíciles las cosas que ha conseguido. Lleva el pantalón demasiado alto. El pelo podría parecer más suave. Gracias a él descubro que hay una compañera de tiempos de la universidad de lectora en la Universidad China de Hong Kong, que está al norte de los Nuevos Territorios.

Se lo entrego también a la recepcionista del Hong Kong Institute of Languages. No necesitan a nadie en un centro de enseñanza para niños.

Tal vez no sea fácil, no hubiera sido fácil, pero creo que depende, que ha dependido más de mi cerebro. También me dijeron que no era fácil en Noruega o el Reino Unido. Y no fue tan difícil. Aunque mis expectativas eran otras, mi cerebro era otro.

Como o ceno en Maxim’s. Compro dos versiones chinas muy curiosas de los últimos discos de Radiohead y Rem que contienen las canciones de éstos y docena y media más.

En mi habitación, lavo la camisa a mano y la tiendo en la percha bajo la ducha.

Tomo gingkgo, kava y vitaminas con un Smirnoff Ice.

Veo El Turista Accidental y entiendo la tristeza del protagonista (pese a que mi pérdida fuera seguramente insignificante y otra) y envidio como aparece la solución en forma un estrafalario amor que lo persigue.

Recibo un nuevo mensaje de una joven china de 27 años con la que chateo unos minutos.

Cuando le propuse que escogiera la hora y el lugar a la ejecutiva, me respondió con un mensaje que acaba diciendo “Can’t wait”.

Por desgracia, yo sí que siento que puedo esperar a conocer a una desconocida a la que he conocido por Internet. Por desgracia, siento que no puedo, que no deseo esperar mucho más tiempo a que sucedan ciertas cosas. Ojalá en ambos caso esté equivocado.

La soledad en Internet (viernes 12 de diciembre, madrugada del sábado)

Puede que sean estas fechas, la cercanía de las navidades hasta en un lugar no propiamente cristiano como Hong Kong. A veces las imágenes son demasiado poderosas.

O puede que sea esta ciudad repleta de centros comerciales y escaleras mecánicas, de anuncios de rostros pálidos e imposibles.

Tal vez sólo que Internet es un buen lugar para los solitarios. Un buen lugar donde intentar ocultar infructuosamente la soledad.

Cuando regreso del Soho por la noche he recibido cuatro mensajes más.

Un mensaje de una estudiante china de 19 años.

Un mensaje con fotos de una chica que se define como “curvy and with frame” que estará sola en navidades en Hong Kong.

Un mensaje con fotos de una mujer nigeriana, la cual me parece entender que vive en Nigeria con su hijo.

Un mensaje de una chica que dice salir de una relación con un “broken heart” y desea conocer gente.

Puede que sean las navidades. Puede que sea Hong Kong. Puede que sea Internet.

Hace dos años visitaba a alguien y recibía la llamada de alguien y me sentía falsamente (tal vez, porque en el fondo era consciente de la realidad, tal vez también del futuro) acompañado Hace un año pensaba que estas navidades serían diferentes.

Puede que sea estas fechas. Puede que sea Hong Kong. Puede que sea Internet. Puede que sea yo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Cath in Soho (jueves 11 de diciembre, madrugada del viernes)

Son las ocho en Bacar. Cath es una mujer inglesa simpática de 33 años que trabaja en un Spa. Cath me ha contado en un mensaje que, tal vez por trabajar en un spa, sólo conoce gays y hombres casados. Ha sugerido un bar de supuestas tapas junto a la gran escalera mecánica del Soho, enfrente del Pure Fitness, al lado del estudio de la Capitana Música.

Una vez más, hablo demasiado.

Hace unas semanas, una antigua visitante de este blog decía que en la primera cita que tuvo con la persona de la que estaba enamorada le dijo que hablaba demasiado. En mi caso, siendo antes tal vez una virtud (también a veces un defecto, todo tiene dos caras), ahora no estoy tan seguro. Porque me he vuelto más egoísta conmigo mismo y con mis palabras. Porque, sin mentir, muchas veces siento que no estoy siendo sincero hablando tanto. Porque, como cuando juego al Tetris o al Dr. Mario en el portátil, creo que sólo lo hago para tener ocupada la mente. Para no pensar. Porque no sé si quiero hablar tanto.

Hablamos un poco de ella, de mí, de los países en donde hemos estado, de su trabajo en el spa, de Hong Kong. Después la acompaño a la estación de autobuses para que coja un autobús a Stanley.

Mientras regreso a las 12 de noche en el metro escuchando The Seldom seen Kid de Elbow, siento que las imágenes vuelven a caer descolocadas y vertiginosas, que las píldoras no acaban con los virus.

Mediodías inconclusos (jueves 11 de diciembre)

Aunque, sí, por desgracia, mi mente sigue sin conseguir salir de su propio tránsito.

Apago el portátil y vuelvo acostarme. Las imágenes y los recuerdos giran en el estúpido sistema solar de mi mente. No me siento con fuerzas de ir al consulado.

Cuando oigo la llegada de la mujer de la limpieza, me ducho y salgo a la calle.

Hace un hermoso día soleado. Frente al diciembre del año pasado en Chicago, parece un día cualquiera de primavera en Castilla.

Las personas van y vienen del trabajo, salen de compras, pasean por las calles. Hermosas mujeres casi tan altas como yo se tocan el flequillo y mueven sus caderas bajo vestidos de seda y lana.

En la zona de establecimientos de comida rápida de Times Square apenas quedan mesas. Los hombres sorben la comida que llevan con los palillos desde los tazones.

En Lee Gardens Two hay una tienda de Arte Madrid. Un concesionario Mercedes. La sede social de Gucci en Hong Kong. Sociedades que operan en las Bermudas. Tiendas con las líneas infantiles de Burberry y Dior. Una peluquería infantil donde cortan el pelo a niños sentados en caballitos de feria.

Cuando regreso a mi habitación tengo otros dos mensajes de mujeres chinas que quieren conocerme. Hay un nuevo comentario en el blog.

Es un mediodía inconcluso en las calles soleadas de Hong Kong. Un mediodía en el que, seguramente, no hecho lo que debería hacer. En el que el abrasador sol de mi cerebro a oscurecido la que debería haber sido una agradable y soleada mañana en hong Kong.

Jenna the Astrologer. Mi vida en tránsito (jueves 11 de diciembre)

intro

   Buscando el significado de algunas palabras hace algunas semanas en www.wordreference.com , me encontré con la publicidad de una supuesta astróloga que te leía el futuro de manera gratuita. Como he probado cosas peores en mi vida pagando mayores precios, rellené los tres o cuatro datos superficiales que requería en sus nueves casillas.

   Por curiosidad lo hice con dos cuentas de correo y algunos datos diferentes.

Parece que Jenna the Astrologer predice basándose más en lo algoritmos que en los planetas y las estrellas, lo que que no deja de tener sentido. A los pocos días recibí sendos mensajes en mis cuentas dándome algunos detalles referidos a los detalles que referí. Los mensajes eran largos. Todo tenía cierto razonado sentido. Ella decía en ambos haber sentido una fuerte conexión conmigo. Las únicas diferencias en ellos era las diferencias que había marcado.

   Una lástima que mi cabeza no esté para creer en casi nada, y menos en el pensamiento mágico. Una lástima que pidiera 60$ para decirme los aspectos más importantes.

   Al parecer comenzará el 17 (0 el 19, según el días o la cuenta de correo) un tránsito esencial en mi vida. Un tránsito en el que aparecerá la persona que amé. Un tránsito esencial para mi vida laboral. Para mi futuro. Ella me diría como aprovecharme de él, como no dejarle pasar.

   Parece probable que, alguien que no vio o quiso ver la realidad en año y medio de relación absurda, no sea consciente de este tránsito.

Y es cierto que mi vida está en tránsito. En tránsito de demasiadas cosas.

En apenas cuatro días que he decidido y conseguido estar mínimamente social y proactivo y tengo dos números de teléfono, una cita para ir al cine y cenar con una alta ejecutiva de un banco, otra para tomar algo hoy por la tarde en un bar español con una británica empleada en un spa. Una vendedora de productos estructurados y derivados que tiene curiosidad por saber cómo es una español con ojos verdes. Una Capitana Música que se preocupa por mi vida. Una chica china de 23 años que quiere practicar español conmigo. Otra mujer británica. Otra mujer china. Una chica china de 25 años que responde al mensaje que envié a un anuncio que me pareció sugerente.

   No sé qué hubiera ocurrido si mi cabeza hubiera estado en su sitio. Si además de razonarlo, sintiera que me puede pasar algo mejor y diferente a lo que fue un año y medio estúpido cargado de estúpidas esperanzas.

   No sé que hubiera ocurrido si hubiera respondido al último mensaje de la Capitana de Nueva Jersey, al de la amable chica que me dio su teléfono tras un viaje en el autobús, si hubiera avisado a la mujer chilenoestadounidense cuando fui al cine como me pidió.

   No sé qué hubiera ocurrido si me hubiera pasado por el consulado. Si hubiera entregado mi curriculum en algún lugar.

   No sé qué hubiera pasado si no hubiese estado, si no estuviera aún atrapado por mi pasado.

   No sé si aún puede pasar. Porque los días para mi vuelo del 19 pasan. Porque el dinero y los préstamos de una familia de clase media-baja se acaban.

   La pasada noche parece que los comprimidos de tilo, melisa, pasiflora y valeriana no ayudaron. Que la raíz de kava ingerida con Smirnoff Ice tampoco me ayudó a dormir pronto. Las mismas ideas recurrentes de siempre. También tuve un sueño acerca de cómo volver de un país europeo del este en guerra. Cómo me quería traer, absurdamente, las dos pesas que había comprado.

   Las dos pesas que no me llevaré a España de vuelta. La vuelta a España que no sé si quiero hacer. En estas navidades que nunca hubiese querido que llegaran. Mientras mi familia sólo desea verme y que pruebe otros doctores y drogas que eliminen por fin mi tristeza.

   Sí, mi vida está en tránsito, una pena que Jenna the Astrologer me pida, como detalle por la gestión, 45$ en dos largos mensajes para decirme cómo aprovecharlo.  Que su videncia se base en algoritmos.

   Hoy me levanto a las 10 de la mañana sin sueño, pese a que esta noche me he acostado a las 6 de la madrugada. Dentro de poco vendrá la mujer de la limpieza. Tal vez debería pasarme por el consulado.

   ¿Sería posible encontrar, si no la felicidad, la serenidad en Hong Kong? ¿Conocer a alguien caminando por su calles, concertando citas a ciegas’ ¿Supone esta ceguera un índice de la soledad de Hong Kong?¿Sentiré rápidamente lo que ya tengo, lo que debería tener ya razonado?¿Debería volver a España, descansar, comenzar luego en otro lugar del mundo?

   Alguien como Jenna the Astrologer, que escribe tan largos e individualizados mensajes a desconocidos que apenas señalan su fecha de nacimiento y su dirección de correo electrónico, debería decirme cómo salir de este tránsito de manera gratuita.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Blogs (miércoles 10 de diciembre)

Visito algunos blogs desde la entradas de los contactos de mi messenger mientras me muestro como “no conectado” (más allá de lo que implique de ocultamiento es quizás la forma más sincera de describir mi estado).

Como otros blogs personales, hablan de política, de música, cine, de lo que han hecho en su último o van a hacer en su próximo viaje, de la última o próxima fiesta con los amigos de sus proyectos de futuro… Temas inevitables y, en muchos casos, los mismos que en éste. Pero el tono es muy distinto. Más optimista o neutro, más desapasionado u ocultando la pasión bajo cierto distanciamiento o el siempre acertado manto de la ironía. Un tono más humorístico. Más inteligente.

Deseos, supongo, de decir que existimos. Que somos interesantes. Importantes. Deseos de comunicarnos. Deseos de ser queridos. Deseos de ser deseados.

Seguramente yo no habría escrito este blog en otras circunstancias o habría escrito otro blog. Un blog muy diferente. Siempre he sido un defensor del humor y la ironía. Los hubiera usado. Sin ser un experto tenía cierta facilidad, incluso familiaridad con su uso.

Pero las circunstancias son distintas y también yo soy otro. Y podría ocultarlo. Podría negarlo. Intentar usar la escritura del blog como un sucedáneo de la terapia ocular o la cognitiva. Podría intentar mostrar unas circunstancias distintas. Podría intentar mostrar que soy el mismo que hace años. O no tan diferente. Pero, aunque tal vez sería un blog más ameno, más positivo para mí y para quien lo leyera, más inteligente, no sería cierto.

Y soy consciente del tono narcisista, lacrimoso y peripatético de este blog. De sus perífrasis y oscuros circunloquios para evitar mencionar nombres privados, hechos concretos. Sé lo infantil y egocéntrico que resulta describir cómo el mundo se derrumba porque un hombre, seguramente inmaduro, haya descubierto mal y tarde un poco de la realidad humana: de lo frágil de las palabras y los sentimientos, de la ingenua creencia de tantas personas en pensar que es fácil ocultar sus verdaderos sentimientos, deseos, carencias y creencias bajo la forma de otras personas, objetos, otras creencias (porque la realidad, antes o después, resulta siempre vencedora). Un hombre seguramente inmaduro, un proletario, pero europeo y burgués, que para superar lo que no es más que la realidad y el fruto de sus propios actos de autoengaño, creencias y percepciones equivocadas y errores, ha optado por una especie de estúpidas vacaciones alrededor del mundo a cargo de préstamos familiares.

Para mi ventaja, para mi desgracia, en mi descargo, soy consciente. Soy consciente de todo ello. De mi egocentrismo, de mi inmadurez, de mi fragilidad.

Y quizás por ello, por ello mismo, en estos momentos, prefiero no mentir. Prefiero no variar el tono melodramático, pomposo, e infantil de un blog que ni yo mismo leería.

Este blog y su alambicada, prolija, precipitada y confusa sintaxis.

Si las circunstancias son otras, si mi estado pasa a conectado, si mi cerebro consigue hacer click, supongo que también cambiará el tono de este blog.

Pero incluso en ese momento, intentaré no borrar lo escrito. Aunque sólo sea por honestidad conmigo mismo y con los demás. Por no ocultar mis errores. Con la esperanza de demostrar que hay un futuro que merece la pena ser vivido desde la fragilidad y las imperfecciones.