Todo parece nuevo, minimalista y ultramoderno en el aeropuerto de Hong Kong. Lo que no está recién construido parece estar construyéndose en ese mismo momento. Hay anuncios de ropa con jóvenes y modernos chinos como protagonistas. También de seguros con fotos de niños occidentales. Durante el recorrido por sus pasillos no deja de sonar el tono de mensaje recibido de Nokia.
Un metro vertiginoso y bilingüe nos lleva de un extremo al otro del aeropuerto. Un amable y serio agente de aduanas me sella el pasaporte rápidamente y sin preguntas. Un grupo de militares me mira también serio al verme traspasar con mi gran maleta la salida para pasajeros sin nada que declarar sin decirme tampoco nada.
En el enorme hall del aeropuerto puedo ver ya anuncios de compañías occidentales, sevenelevens, un Burguer-King, una tienda de prensa de Relay, algunas tiendas de lo que parecen cadenas chinas muy bien aprendidas. En ellas hay productos chinos, aunque casi más occidentales, con unos precios, en general, sólo un poco menores que en España y supongo que inalcanzables para la mayor parte de los chinos continentales.
Saco dólares hongkoneses de un cajero y compro una tarjeta telefónica china para el móvil. Dejo sin especial miedo el carrito con la maleta y el portátil a la entrada de la terraza del Burguer-King donde desayuno rodeado de personas unas patatas fritas y unos aros de cebolla con una cocacola. Consigo hablar con una persona de la agencia de “service apartments” y concierto una cita con ella en un lugar que no entiendo bien y que creo que está en Wan Chai.
Antes de montarme en el autobús A11 me compro una tarjeta monedero “Octopus”, con la que, he leído, se puede viajar en todo el transporte público y pagar en unos cuantos comercios.
La geografía hasta la isla de Hong Kong es una sucesión de vegetación tropical, autopistas, puentes y fábricas. A la salida del aeropuerto me reciben dos grandes carteles de Lâncome y Estée Lauder con Juliette Binoche y Elisabeth Hurley. A la llegada a Hong Kong veo un centro comercial en construcción con un gran cartel con una niña que dice “More shops, more fun”. Me resulta difícil de decir en qué se diferencia de Europa y Estados Unidos esta China comunista.
viernes, 10 de octubre de 2008
Volando (martes 7 de octubre, madrugada del miércoles)
Atravieso toda Europa durante ocho horas en un avión de Jet-Airways apenas ocupado para llegar a Bombay. El sueño que no quiso o pudo llegar en el aeropuerto de Londres me vence. Juego también a la consola del avión. Apenas pruebo la comida.
Viajo adonde no viajé para no quedarme. En un viaje que no debería de haber sido éste y que no sería éste si hubiera sido. Veo como la noche devora la línea del horizonte desde mi ventana.
En el aeropuerto de Bombay me monto no sé bien por qué en un autobús lleno de personas mayores que son ayudadas por el personal de la compañía. Una pantalla proyecta anuncios de películas de Bolywood. Los militares, hombres y mujeres, del control lucen un vistoso uniforme color oliva. Parece como si el aeropuerto hubiera sido construido hace décadas y remendado cada cierto tiempo. Una mujer con ropa tradicional pasa una mopa seca sobre unas escaleras. Entre unas paredes prefabricadas hay un pequeño templo que en occidente parecería anunciar la navidad. Los pasajeros de mi vuelo que hacen trasbordo como yo, la mayor parte hombres occidentales con destino a Bangkok, parecen ir sutilmente disfrazados de turistas sexuales. Uno de ellos, de unos cincuenta años, lleva una mochila de la que sobresale un osito de peluche y sombrero de vaquero.
Apenas tengo tiempo de pasar los controles y embarco a las 00:30 locales con destino a Hong Kong. Los azafatos de Jet-Airways parecen jóvenes y discretos galanes de Bolywood. Las azafatas, gitanillas sonrientes en unos alegres y chillones uniformes amarillos. Todos son muy amables. En este vuelo hay aún menos mujeres viajando.
Viajo adonde no viajé para no quedarme. En un viaje que no debería de haber sido éste y que no sería éste si hubiera sido. Veo como la noche devora la línea del horizonte desde mi ventana.
En el aeropuerto de Bombay me monto no sé bien por qué en un autobús lleno de personas mayores que son ayudadas por el personal de la compañía. Una pantalla proyecta anuncios de películas de Bolywood. Los militares, hombres y mujeres, del control lucen un vistoso uniforme color oliva. Parece como si el aeropuerto hubiera sido construido hace décadas y remendado cada cierto tiempo. Una mujer con ropa tradicional pasa una mopa seca sobre unas escaleras. Entre unas paredes prefabricadas hay un pequeño templo que en occidente parecería anunciar la navidad. Los pasajeros de mi vuelo que hacen trasbordo como yo, la mayor parte hombres occidentales con destino a Bangkok, parecen ir sutilmente disfrazados de turistas sexuales. Uno de ellos, de unos cincuenta años, lleva una mochila de la que sobresale un osito de peluche y sombrero de vaquero.
Apenas tengo tiempo de pasar los controles y embarco a las 00:30 locales con destino a Hong Kong. Los azafatos de Jet-Airways parecen jóvenes y discretos galanes de Bolywood. Las azafatas, gitanillas sonrientes en unos alegres y chillones uniformes amarillos. Todos son muy amables. En este vuelo hay aún menos mujeres viajando.
martes, 7 de octubre de 2008
Aeropuertos (lunes 6 de octubre, madrugada del martes)
Todos los aeropuertos se parecen. La maravillosa compañía de vuelos baratos irlandesa ha conseguido lo que parecía imposible: que viaje casi sin nada. Lo consideraré un favor del destino, que últimamente tan pocos favores me hace…
Todos los aeropuertos se parecen. En los más grandes, las bifurcaciones de sus terminales parecen girar sobre sí mismas como intestinos… Me dejo engullir por el engañosamente no tan grande de Stansted, en el que he estado con diversos motivos tantas veces… Cojo un autobús de National Express para desplazarme al de Heathrow.
Todos los aeropuertos se parecen y sus tiendas, y las personas parecen estar solas y desubicadas en todos ellos. La terminal 3 de Heathrow está llena de pakistaníes, indios y orientales. Unas muchachas con burka toman sonrientes unas cocacolas y unas “walkers”.Yo compro en un “Boots” un refresco de limones sicilianos que dice no tener sabores o colorantes artificiales mientras que, entre sus preservadores y edulcorantes artificiales, me advierte en negrita que tiene sulfuro de dióxido.
A las 11 de la noche, las luces verdes y violetas del exterior del aeropuerto tampoco parecen naturales. Las másquinas abrillantadoras, los grandes carteles amarillos, los secadores de manos…
A las 12 casi está solo y abandonado el mismo aeropuerto. Apenas unas cuantas personas le hacemos compañía desde nuestras respectivas soledades. Pasaré solo la noche en el aeropuerto como tantas otras veces. Esperaremos solos a que llegue un nuevo despegue o un nuevo día.
Todos los aeropuertos se parecen. En los más grandes, las bifurcaciones de sus terminales parecen girar sobre sí mismas como intestinos… Me dejo engullir por el engañosamente no tan grande de Stansted, en el que he estado con diversos motivos tantas veces… Cojo un autobús de National Express para desplazarme al de Heathrow.
Todos los aeropuertos se parecen y sus tiendas, y las personas parecen estar solas y desubicadas en todos ellos. La terminal 3 de Heathrow está llena de pakistaníes, indios y orientales. Unas muchachas con burka toman sonrientes unas cocacolas y unas “walkers”.Yo compro en un “Boots” un refresco de limones sicilianos que dice no tener sabores o colorantes artificiales mientras que, entre sus preservadores y edulcorantes artificiales, me advierte en negrita que tiene sulfuro de dióxido.
A las 11 de la noche, las luces verdes y violetas del exterior del aeropuerto tampoco parecen naturales. Las másquinas abrillantadoras, los grandes carteles amarillos, los secadores de manos…
A las 12 casi está solo y abandonado el mismo aeropuerto. Apenas unas cuantas personas le hacemos compañía desde nuestras respectivas soledades. Pasaré solo la noche en el aeropuerto como tantas otras veces. Esperaremos solos a que llegue un nuevo despegue o un nuevo día.
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sábado, 4 de octubre de 2008
Comenzando. Una vez más (jueves 2 de octubre, madrugada del viernes)
Leo un artículo de Francisco Mora, en un Cultural de noviembre de 2005, de entre toda las prensa que he conservado estos casi tres años en una clase de intelectualoide Síndrome de Diógenes.
Este catedrático en fisiología afirma que el proceso de envejecimiento comienza alrededor de los treinta años. Dice que es “la edad a la que la sociedad, la familia, los amigos ubican definitivamente al individuo en el papel que va a tener en el futuro. Es la edad, además, en la que se orienta ya una reproducción realizada, el cuidado de los hijos y el mantenimiento, en progresión si se quiere, de posiciones sociales o de otro tipo ya alcanzadas o inmediatamente por alcanzar. Y es ahí cuando comienza el proceso de envejecimiento del individuo humano, en particular de su cerebro…”
Y aquí estoy yo. A cuatro días de irme a Hong Kong. Sin poseer nada de lo mencionado. Y no por un prurito de moderno, radical o bohemio. No. No me importaría saber dónde estoy. Estar en algún sitio. No me importaría poder hablar de una “reproducción realizada”. Haber encontrado la persona con quien realizarla.
Y tampoco me voy ya como aquel que era con apenas veinte años cuando fui un verano a trabajar en lo que saliera en Inglaterra, con mi inglés de enseñanza obligatoria española (que es una bonita forma de llamar a la falta de conocimiento en idiomas), ni cuando apenas a un mes de mi vuelta me fui como tantos jóvenes europeos de clase media (en mi caso más bien media-baja) a estudiar o lo que fuera a una universidad del norte de Europa.
No. Me voy aún más perdido. Triste. Estos días estoy un tanto triste (lo que no favorece nada a mi familia, y menos con mi madre recién operada). El lento veneno del rencor, la melancolía y la tristeza aún duermen en mi cabeza y se despiertan a gritos para sustituírse en la vigilia. Mi vigilia.
A ratos veo un poco de porno y me pongo un poco más triste.
Aunque también voy más aprendido. Sé lo que no he tenido y no tengo.
Borro varias decenas de contactos, hace tiempo inactivos, de la agenda de mi móvil. Vodafone me anima cambiar de número y compañía cuando intenta chantajearme para liberar mi teléfono para usarlo en Hong Kong por haber seguido una secuencia 1-2 y no 2-1 siguiendo sus consejos. Pero creo que un nuevo número tampoco me vendrá mal.
Nuevo número de teléfono. Nuevo destino. Nuevo intento.
Hay algo que debe despertarse en mí. Busco el llamado “estado de flujo”. Busco, desde luego, mentes y cuerpos. Mi mente y mi cuerpo. Mentes que se ajusten recíprocamente a mi mente. Un cuerpo y una mente que me complementen.
Me voy con lo puesto. Un billete de ida y vuelta para que me dejen entrar. Unos dos mil euros entre misérrimas inversiones malvendidas y préstamos familiares (que hará que mi deuda familiar crezca a más de 7000 euros). Libros. Música. Pastillas. Geles, cremas y champúes para intentar cuidar mi mente y mi cuerpo hasta que se quieran a sí mismos, hasta que se encuentren.
Pero no voy a trabajar en cualquier cosa. Es tal vez el último intento. Un último intento para ver quién soy, de lo que soy capaz, lo que me merezco o me reserva el futuro. No quiero dedicar un tercio de las horas de mi vida a producir materia desechable, a materializar productos redundantes. No.
Veremos si valgo, si soy capaz, si he nacido con el talento y puedo realizar el esfuerzo de comunicarme de una forma más profunda y concreta que este difuso y egocéntrico blog. Si soy capaz de encender, de mostrar pequeñas y débiles luces, hacer que crezcan y que sean vistas y recogidas por pequeñas personas desesperanzadas con esperanzas, grandes personas con más fuerzas de las que en estos momentos tengo yo.
Mientras, hasta entonces, hasta dentro de apenas unos días, leo artículos de hace tres años, paseo con mi perro, compro revistas de tendencias por un euro donde las innumerables fotos, los infinitos anuncios y los breves textos parecen hechos por ordenador….
… veo apagada la luz del balcón que aún despierta mi tristeza y me impele a un nuevo comienzo.
Valladolid-Londres-Mumbai-Hong Kong… la vida sigue siendo tan absurda e irónica.
No creo que pueda actualizar este blog hasta entonces. Hasta que sea de nuevo un expatriado para intentar, de nuevo, dejar de ser un expatriado de mí mismo.
Hasta entonces pues.
Este catedrático en fisiología afirma que el proceso de envejecimiento comienza alrededor de los treinta años. Dice que es “la edad a la que la sociedad, la familia, los amigos ubican definitivamente al individuo en el papel que va a tener en el futuro. Es la edad, además, en la que se orienta ya una reproducción realizada, el cuidado de los hijos y el mantenimiento, en progresión si se quiere, de posiciones sociales o de otro tipo ya alcanzadas o inmediatamente por alcanzar. Y es ahí cuando comienza el proceso de envejecimiento del individuo humano, en particular de su cerebro…”
Y aquí estoy yo. A cuatro días de irme a Hong Kong. Sin poseer nada de lo mencionado. Y no por un prurito de moderno, radical o bohemio. No. No me importaría saber dónde estoy. Estar en algún sitio. No me importaría poder hablar de una “reproducción realizada”. Haber encontrado la persona con quien realizarla.
Y tampoco me voy ya como aquel que era con apenas veinte años cuando fui un verano a trabajar en lo que saliera en Inglaterra, con mi inglés de enseñanza obligatoria española (que es una bonita forma de llamar a la falta de conocimiento en idiomas), ni cuando apenas a un mes de mi vuelta me fui como tantos jóvenes europeos de clase media (en mi caso más bien media-baja) a estudiar o lo que fuera a una universidad del norte de Europa.
No. Me voy aún más perdido. Triste. Estos días estoy un tanto triste (lo que no favorece nada a mi familia, y menos con mi madre recién operada). El lento veneno del rencor, la melancolía y la tristeza aún duermen en mi cabeza y se despiertan a gritos para sustituírse en la vigilia. Mi vigilia.
A ratos veo un poco de porno y me pongo un poco más triste.
Aunque también voy más aprendido. Sé lo que no he tenido y no tengo.
Borro varias decenas de contactos, hace tiempo inactivos, de la agenda de mi móvil. Vodafone me anima cambiar de número y compañía cuando intenta chantajearme para liberar mi teléfono para usarlo en Hong Kong por haber seguido una secuencia 1-2 y no 2-1 siguiendo sus consejos. Pero creo que un nuevo número tampoco me vendrá mal.
Nuevo número de teléfono. Nuevo destino. Nuevo intento.
Hay algo que debe despertarse en mí. Busco el llamado “estado de flujo”. Busco, desde luego, mentes y cuerpos. Mi mente y mi cuerpo. Mentes que se ajusten recíprocamente a mi mente. Un cuerpo y una mente que me complementen.
Me voy con lo puesto. Un billete de ida y vuelta para que me dejen entrar. Unos dos mil euros entre misérrimas inversiones malvendidas y préstamos familiares (que hará que mi deuda familiar crezca a más de 7000 euros). Libros. Música. Pastillas. Geles, cremas y champúes para intentar cuidar mi mente y mi cuerpo hasta que se quieran a sí mismos, hasta que se encuentren.
Pero no voy a trabajar en cualquier cosa. Es tal vez el último intento. Un último intento para ver quién soy, de lo que soy capaz, lo que me merezco o me reserva el futuro. No quiero dedicar un tercio de las horas de mi vida a producir materia desechable, a materializar productos redundantes. No.
Veremos si valgo, si soy capaz, si he nacido con el talento y puedo realizar el esfuerzo de comunicarme de una forma más profunda y concreta que este difuso y egocéntrico blog. Si soy capaz de encender, de mostrar pequeñas y débiles luces, hacer que crezcan y que sean vistas y recogidas por pequeñas personas desesperanzadas con esperanzas, grandes personas con más fuerzas de las que en estos momentos tengo yo.
Mientras, hasta entonces, hasta dentro de apenas unos días, leo artículos de hace tres años, paseo con mi perro, compro revistas de tendencias por un euro donde las innumerables fotos, los infinitos anuncios y los breves textos parecen hechos por ordenador….
… veo apagada la luz del balcón que aún despierta mi tristeza y me impele a un nuevo comienzo.
Valladolid-Londres-Mumbai-Hong Kong… la vida sigue siendo tan absurda e irónica.
No creo que pueda actualizar este blog hasta entonces. Hasta que sea de nuevo un expatriado para intentar, de nuevo, dejar de ser un expatriado de mí mismo.
Hasta entonces pues.
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martes, 30 de septiembre de 2008
Siete días. Una semana (lunes 29 de septiembre, madrugada del 30)
En siete días, en una semana, estaré en Hong Kong.
Después de creer encontrar parte de lo buscado, ingenuamente, a unos no tan tiernos 28 añitos y descubrir, dolorosamente, que no, que era justo lo contrario de lo que quería encontraren mi pequeña capital de provincia y de una extensa y casi desértica región (o Comunidad autónoma, o nación, o lo que haga falta, o lo que sea).
Después de huir, o seguir buscando, buscándome, y perderme en una deprimida escuela de un deprimido distrito al norte de Illinois y un apartamento que debería haber sido acogedor y feliz en Chicago.
Después de seis meses acogido (hasta que el tiempo y la realidad marcaron lo contrario) en Barcelona, sin encontrar tampoco, aunque también con las fuerzas muy menguadas en la búsqueda.
Aquí estoy de nuevo. Con altibajos, sí. Aún aturdido, sí. Pero de nuevo en la búsqueda.
Y, así, después de un mes no sé si descansando, o recargando fuerzas, o deseando que algo, de una puta vez, se cumpla, en esta mi pequeña capital de provincia y su extensa y desértica región, Comunidad Autónoma o lo que sea, en siete días, en una semana, estaré en Hong Kong…
Y mientras, sigo investigando y navegando por el mundo de los estimulantes, los exfoliantes y las vitaminas…
Paseo con mi, ya, viejo perro (catorce años son tantos para él y en ellos he aprendido yo tan poco) por esta ciudad a la que miro desde cierta previsora distancia, también sentimental.
Sigo pensando en cosas y recordando personas que aún rozan mi hipotálamo. Sigo mirando las luces de ventanas de balcones de pisos en los que nunca debería haber estado.
Recorto las páginas que considero que aún debería leer de los periódicos, revistas y suplementos dominicales que acumulo de manera absurda y compulsiva. Leo reseña de películas que vi hace casi dos años, cuando todo parecía tan distinto… Leo una entrevista al crítico literario del “Chicago Reader” de hace casi dos años…El mundo es tan absurdo y clarividente…
Actualizo de este blog de manera titubeante mientras parece que los grandes economistas cometieron un pequeño error de cálculo y los grandes bancos occidentales se hunden.
Después de creer encontrar parte de lo buscado, ingenuamente, a unos no tan tiernos 28 añitos y descubrir, dolorosamente, que no, que era justo lo contrario de lo que quería encontraren mi pequeña capital de provincia y de una extensa y casi desértica región (o Comunidad autónoma, o nación, o lo que haga falta, o lo que sea).
Después de huir, o seguir buscando, buscándome, y perderme en una deprimida escuela de un deprimido distrito al norte de Illinois y un apartamento que debería haber sido acogedor y feliz en Chicago.
Después de seis meses acogido (hasta que el tiempo y la realidad marcaron lo contrario) en Barcelona, sin encontrar tampoco, aunque también con las fuerzas muy menguadas en la búsqueda.
Aquí estoy de nuevo. Con altibajos, sí. Aún aturdido, sí. Pero de nuevo en la búsqueda.
Y, así, después de un mes no sé si descansando, o recargando fuerzas, o deseando que algo, de una puta vez, se cumpla, en esta mi pequeña capital de provincia y su extensa y desértica región, Comunidad Autónoma o lo que sea, en siete días, en una semana, estaré en Hong Kong…
Y mientras, sigo investigando y navegando por el mundo de los estimulantes, los exfoliantes y las vitaminas…
Paseo con mi, ya, viejo perro (catorce años son tantos para él y en ellos he aprendido yo tan poco) por esta ciudad a la que miro desde cierta previsora distancia, también sentimental.
Sigo pensando en cosas y recordando personas que aún rozan mi hipotálamo. Sigo mirando las luces de ventanas de balcones de pisos en los que nunca debería haber estado.
Recorto las páginas que considero que aún debería leer de los periódicos, revistas y suplementos dominicales que acumulo de manera absurda y compulsiva. Leo reseña de películas que vi hace casi dos años, cuando todo parecía tan distinto… Leo una entrevista al crítico literario del “Chicago Reader” de hace casi dos años…El mundo es tan absurdo y clarividente…
Actualizo de este blog de manera titubeante mientras parece que los grandes economistas cometieron un pequeño error de cálculo y los grandes bancos occidentales se hunden.
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lunes, 22 de septiembre de 2008
Breve, espero, inercia (domingo 22 de septiembre, madrugada del 23)
Aquí estoy. Aquí llevo más de 20 días en esta mi ciudad, esta pequeña capital de una Comunidad Autónoma (o región o lo que sea) sin fin y sin gente. Intentando disfrutar de la serenidad de la quietud y los deseos y atenciones imperfectos de la familia.
Nada notable ha ocurrido. Los planes siguen siendo los mismos.
He visto con una vieja amiga esa obra de arte llamada Wall-E.
He tenido algunos sueños desagradables con extrañas imágenes que la biografía “resumida” de Freud de más de 600 páginas que aún no he comenzado a leer aún no me ha enseñado a desentrañar. Otros mucho más descifrables.
He decidido prescindir del zolpidem para dormir y el sueño me tarda en llegar. Cambio la sertralina por el hipérico.
Paseo por supermercados.
Compro algunos días hasta tres periódicos.
Leo y me informo sobre drogas, psicoactivos, marcas blancas, mi próximo destino geográfico y vitaminas.
Aún no me reencontrado como ser humano y aún no me he reencontrado con su género.
He visto a un cangrejo rojo sacudirse, retorciéndose de espaldas en el mostrador de una pescadería, mientras una caja le aprisionaba una pinza. Y me he quedado sin saber qué hacer, mirándolo durante un minuto en la puerta, cuando volvía con mi perro de la biblioteca.
Pero los planes siguen siendo los mismos. Hong Kong. Y encontrarme, reencontrarme como persona, recontarme con el resto de las personas. Encontrar una nueva vida y ser feliz en ella.
Y mientras ultimo los últimos detalles, actualizo este en el piso de mi hermano y su pareja, desde el ordenador de ella. Mientras leo en las noticias que la bolsa se hunde y los gobiernos neoliberales se hacen extrañamente keynesianos e intervencionistas para salvar al capital y a sus dueños.
El mundo sigue siendo muy complejo y este blog raído, confuso y arrítmicamente actualizado es todo lo contrario de lo que debería ser un blog. Supongo.
Nada notable ha ocurrido. Los planes siguen siendo los mismos.
He visto con una vieja amiga esa obra de arte llamada Wall-E.
He tenido algunos sueños desagradables con extrañas imágenes que la biografía “resumida” de Freud de más de 600 páginas que aún no he comenzado a leer aún no me ha enseñado a desentrañar. Otros mucho más descifrables.
He decidido prescindir del zolpidem para dormir y el sueño me tarda en llegar. Cambio la sertralina por el hipérico.
Paseo por supermercados.
Compro algunos días hasta tres periódicos.
Leo y me informo sobre drogas, psicoactivos, marcas blancas, mi próximo destino geográfico y vitaminas.
Aún no me reencontrado como ser humano y aún no me he reencontrado con su género.
He visto a un cangrejo rojo sacudirse, retorciéndose de espaldas en el mostrador de una pescadería, mientras una caja le aprisionaba una pinza. Y me he quedado sin saber qué hacer, mirándolo durante un minuto en la puerta, cuando volvía con mi perro de la biblioteca.
Pero los planes siguen siendo los mismos. Hong Kong. Y encontrarme, reencontrarme como persona, recontarme con el resto de las personas. Encontrar una nueva vida y ser feliz en ella.
Y mientras ultimo los últimos detalles, actualizo este en el piso de mi hermano y su pareja, desde el ordenador de ella. Mientras leo en las noticias que la bolsa se hunde y los gobiernos neoliberales se hacen extrañamente keynesianos e intervencionistas para salvar al capital y a sus dueños.
El mundo sigue siendo muy complejo y este blog raído, confuso y arrítmicamente actualizado es todo lo contrario de lo que debería ser un blog. Supongo.
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viernes, 15 de agosto de 2008
The Dark Knight. Más de un año (jueves 14 de agosto, madrugada del 15)
La luna luce llena sobre el mercado de Sant Antoni a las 03:30 de la mañana. Luce llena cuando regreso de ver The Dark Knight.
Por desgracia hay más humanos imperfectos, payasos paranoicos y luchadores que se cansan o se vuelven locos que mayordomos amigables de acento británico y científicos con escrúpulos. Hay demasiados capitanes idiotas que se engañana, entre otros, a sí mismos
Hoy, está madrugada, hace un año y dos días que comencé este blog en un lugar absurdo de los Estados Unidos de América. No sé si han pasado demasiadas cosas o muy pocas. Sí que he cometido demasiados errores y que no he aprendido aún a corregirlos. Y que aún no entiendo, también, demasiadas cosas.
Durante el último mes han ocurrido las mismas. Y he corrido viendo las luces de la noche borrosas al haber olvidado mis gafas mientras escuchaba Origin of Symmetry de Muse.
También han venido a verme mi tía y mi madre preocupadas por mi última tal vez también absurda decisión.
Sí, ya está bastante claro, intentaré quitarme este estado idiota sin esperar ya a la opaca AECI.
A principios de septiembre me voy a Hong Kong.
Adiós acciones de Service Point y la seguridad y todos mis ahorros y ganancias. Intentemos alcanzar al destino olvidando la amígdala del miedo. Busquémonos de nuevo en otro sitio.
Por fortuna para la persona que recuerda/e este blog, los visitantes por error y los escasos robots perdidos del google, supongo, espero, que allí ganará en algo, será de manera seguramente inevitable levemente menos egocéntrico, tal vez levemente más interesante para los occidentales. No es seguro. Quién sabe.
Y tal vez, antes, escriba de machos alfas mutantes e inteligencias intuitivas y emocionales.
Por hoy es tal vez demasiado. Demasiado tarde. Son ya casi las cinco. No estoy seguro de si me invade el sueño.
Evidentemente, soy un caballero oscuro muy poco heroico.
Por desgracia hay más humanos imperfectos, payasos paranoicos y luchadores que se cansan o se vuelven locos que mayordomos amigables de acento británico y científicos con escrúpulos. Hay demasiados capitanes idiotas que se engañana, entre otros, a sí mismos
Hoy, está madrugada, hace un año y dos días que comencé este blog en un lugar absurdo de los Estados Unidos de América. No sé si han pasado demasiadas cosas o muy pocas. Sí que he cometido demasiados errores y que no he aprendido aún a corregirlos. Y que aún no entiendo, también, demasiadas cosas.
Durante el último mes han ocurrido las mismas. Y he corrido viendo las luces de la noche borrosas al haber olvidado mis gafas mientras escuchaba Origin of Symmetry de Muse.
También han venido a verme mi tía y mi madre preocupadas por mi última tal vez también absurda decisión.
Sí, ya está bastante claro, intentaré quitarme este estado idiota sin esperar ya a la opaca AECI.
A principios de septiembre me voy a Hong Kong.
Adiós acciones de Service Point y la seguridad y todos mis ahorros y ganancias. Intentemos alcanzar al destino olvidando la amígdala del miedo. Busquémonos de nuevo en otro sitio.
Por fortuna para la persona que recuerda/e este blog, los visitantes por error y los escasos robots perdidos del google, supongo, espero, que allí ganará en algo, será de manera seguramente inevitable levemente menos egocéntrico, tal vez levemente más interesante para los occidentales. No es seguro. Quién sabe.
Y tal vez, antes, escriba de machos alfas mutantes e inteligencias intuitivas y emocionales.
Por hoy es tal vez demasiado. Demasiado tarde. Son ya casi las cinco. No estoy seguro de si me invade el sueño.
Evidentemente, soy un caballero oscuro muy poco heroico.
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